Quito SSCC 2017 (2)

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Los hermanos de los Sagrados Corazones que nos reunimos en Quito entre el 16 y el 26 de mayo de este año ya hemos vuelto a nuestros países de origen o a nuestros lugares de misión. Aunque todavía conservamos las sensaciones que nos dejaron estos días de encuentro, de compartir la vida, la fe y los sueños. Hubo varios temas que abordamos y algunas experiencias que vivimos, algo de eso ya ha sido reseñado, pero aquí agregaremos algunos otros que también fueron muy relevantes.

Cabe destacar que los convocados éramos hermanos de votos perpetuos que tenemos alrededor de cuarenta años y que hemos vivido la formación internacional, es decir, que nuestro tiempo inicial en la vida religiosa fue en casas con hermanos de otros países, fundamentalmente latinoamericanos y donde el enfoque buscaba ser inter provincial es decir, definido en común por los responsables de las diversas presencias. Esto hizo que el encuentro fuera como un gran re-encuentro y la posibilidad de abrir el corazón y compartir la vida fuera muy simple y llano. La mayoría nos conocíamos y habíamos vivido juntos y los que no se integraron fácilmente. Eso es un valor de la internacionalidad, que nos permite mirar más allá de nuestras fronteras y soñar juntos. Además que por la edad de los participantes, que se asocia más o menos a la mitad de la vida, ya había historia que recoger, donde había crisis, caídas y logros, alegrías y cansancios, todo se junta y como el camino que habíamos elegido era el mismo se hacía mucho más fácil ponerlo en común y saberse comprendido. Esto me hace pensar en lo saludable que es la formación permanente, que debe incorporarse en todos los itinerarios de crecimiento humano, haciendo pausas, dejándose escuchar y a la vez recibiendo la iluminación de otros.

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Entre los temas que abordamos estuvo presente el de los abusos, en esto fuimos acompañados por Carlos Mangin sj, un sacerdote jesuita ecuatoriano. Partió con un dato que es escalofriante, que el 80% de los abusos sexuales se producen en el hogar y que según las estadísticas uno de cada cinco niños en el mundo ha sufrido algún tipo de abuso. La iglesia ha debido enfrentarse a este tema de manera decidida porque ha sufrido al interior de ella el escándalo de que sacerdotes cometieran abusos y peor aún, que el sistema eclesial no lo enfrentara con decisión en busca de la protección de los menores, sino que lo ocultara y minimizara. Hoy se están haciendo esfuerzo por acoger a las víctimas y reparar el daño causado, así como actuar con decisión respecto a los autores de tales conductas, por ejemplo, planteando el deber de denunciar. Pero a la vez, es indispensable trabajar en la formación humano afectiva de los candidatos al ministerio sacerdotal y también de las personas a lo largo de todo el camino de la vida.

Planteó, a la vez, tareas que tienen que ver con el acompañamiento de los niños y los jóvenes en los casos de abuso y, en general, con la prevención: fortalecer la autoestima y el sentido de la vida; buscar redes de apoyo; evitar la re victimización para lo  que es necesario escuchar sin presionar, ofreciendo confianza y empatía con lo ocurrido; enseñar a controlar la propia vida, entre otras cosas, a través de la explicitación de límites, que son indispensables para una convivencia saludable; favorecer una educación sexual integral; y ofrecer apoyo psico social a las familias de alto riesgo. Fue un tema desafiante e interpelador, que nos coloca delante de una realidad muy dolorosa, pero que es necesario enfrentar y prevenir, sobre todo por el bien de las personas, de los niños y de todos, también por el bien de las comunidades y de la Iglesia en general para que esta sea de verdad el lugar evangélico de amor y de vida, de salud y liberación, que estamos llamados a forjar con la gracia de Dios.

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Una segunda parte de la presentación de Carlos Mangin sj estuvo destinada al tema del autocuidado, es decir, la atención a nosotros mismos y a la vida de manera integral, en la línea de cuidarse para servir. No se trata de poner en el centro la realización personal, pero sí, teniendo a la vista nuestra vocación, cuidar integralmente la vida para poder hacer el bien y caminar con otros. Esto implica atención al propio cuerpo, a nuestras necesidades y a nuestros límites. Pero una de las cosas en las que puso hincapié el expositor fue el tema de la espiritualidad, en el sentido del contacto con nuestra interioridad. Tiene que ver con la conexión, con nosotros mismos, con los demás y con Dios, desde el centro de lo que somos. Una espiritualidad que se conecta con nuestra fe y con todo aquello que nos da sentido. Mangin nos propuso la imagen del iceberg que flota dejando una gran parte bajo el agua mientras que sobre la superficie se ve solo la punta señalando que nuestra vida es así, hay mucho más que no conocemos ni comprendemos de nosotros mismos que lo que se nos hace patente, por ello es tan indispensable estar atentos. La formación permanente y el autocuidado implican atención y apertura, es decir, ser conscientes de lo que vamos viviendo en cada etapa, reconociendo nuestros cambios y nuestras necesidades, con apertura al cambio y humildad. Con capacidad de pedir ayuda y dejarse interpelar. Sólo así es más factible enfrentar las diversas crisis y, a la vez, se hará posible caminar con otros, porque de lo contrario nos rigidizamos.

Por eso las palabras a las que asocio hoy el autocuidado, luego de este espacio de reflexión, son conexión, interioridad, apertura, atención y discernimiento. Discernimiento porque contemplando la realidad deberemos buscar juntos cuál es el mejor camino a seguir, por dónde nos está llamando Dios. A la vez, Carlos habló de la salud del cuerpo, asociada a la actividad física, a la alimentación y a las horas de sueño.

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Otro de los momentos muy relevantes del encuentro fue el retiro en el que nos acompañó Martín Königstein sscc. A Martín lo conocemos hace muchos años, porque si bien actualmente está en Alemania, vivió por treinta años en Chile y es un gran hermano y amigo. Sus búsquedas lo han llevado a conectarse hondamente con la interioridad. Él nos propuso en el retiro un modo de oración, que llamó ejercicio (siguiendo la tradición ignaciana), en el que debíamos estar en silencio, juntos o por separado, ordenando la respiración, con los pies en la tierra y reconociéndonos ante la presencia del Señor. Es decir, nos propuso un modo de contemplación en que uno se sitúa en el presente ante Dios, simplemente respirando y dejando fluir los pensamientos que sobrevienen. Se parece a la meditación budista, en que la persona ni se aferra ni rechaza los pensamientos y los sentimientos que sobrevienen, mientras está en silencio. Pero se diferencia de esta última, en que la persona se sitúa conscientemente ante la presencia del Otro con mayúscula, es decir, es una contemplación donde hay alteridad. Por eso Martín también recordó las palabras de Teresa de Jesús, en la que la oración es tratar de amistad estando a solas – uno podría agregar, en silencio, sin necesidad de palabras, quizás simplemente repitiendo el nombre del Señor – con quien sabemos nos ama.

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Todo ello fue acompañado de meditaciones que abordaron distintos temas, como la llamada a partir y el horror al vacío, la ascesis como un modo de avanzar en el camino cristiano y los criterios que se deben considerar para habitar el mundo en búsqueda, con otros, tratando de ser instrumentos de justicia, de paz y de encuentro. A mí personalmente me sucedió que con la invitación de Martín a este tipo de contemplación creo que di un pasito más en el camino del silencio ante el Señor, fue una oportunidad de ordenar más el mundo interior en torno a ese centro que es Jesús y con él, su Padre. Martín también nos invitaba a reconocernos con los pies sobre la tierra, es decir, en conexión con la realidad y en comunión con nuestros hermanos, con los que caminamos y ojalá con todos. Era muy hermoso estar media hora cada mañana simplemente con una vela encendida y todos en la capilla en silencio, sin apuro, acompañándonos desde adentro, en comunión.

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Otro punto muy alto de la experiencia fueron los paseos que hicimos. Que nos permitieron asomarnos a Ecuador y volver a palpar – oler, mirar, saborear – nuestra condición de latinoamericanos. Esto de ser un encuentro de hermanos de distintos países de Latinoamérica (indo afro Latinoamérica como gustaba decir nuestro querido hermano Ronaldo Muñoz sscc) se vio condimentado con el hecho de que Ecuador es un lugar bellísimo, lleno de vegetación, donde hay diversidad de alimentos y de colores que provienen de su rica tierra y de su gente. El primer lugar que visitamos fue el Santuario de la Virgen del Quinche, era domingo y estaban celebrando dos misas simultáneas, una adentro y otra afuera del santuario, había cientos de personas que expresaban un gran recogimiento y en la mayoría de ellos se veía reflejada su raíz indígena. Sus rostros, sus peinados y en algunos su vestimenta. Pero sobre todo su fe, expresada en sus gestos y en su recogimiento. La fe de los pequeños que buscan la protección de Dios a través del rostro de María, en la Iglesia, en las imágenes, en el agua bendita. Había un fervor, una piedad, donde se mezclan raíces de antiguas culturas con el cristianismo y sus expresiones.

La mano que busca salud

Se baña en agua bendita

Se persigna y pide limosna

La mano que busca salud

Se alza y alaba al Señor

La mano que busca salud

Cocina, amasa, sirve los frutos de la tierra

Llena de ojos de niños y rostros de ancianos

La mano que busca salud

Bendice y ama

Quema incienso y enciende velas

A nuestra Señora, en el Quinche

En esas tierras altas, morenas, sagradas.

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En la tarde de ese mismo domingo visitamos la tumba de don Leonidas Proaño, el obispo de los pobres, especialmente defensor de los pueblos indígenas. Él dijo “un indio vale más que una catedral”. Fue un momento muy significativo, porque nos encontramos con personas que conservan el legado de Proaño y sobre todo continúan generando organización y redes en torno a la causa de los pueblos indígenas. Una de las mujeres que ahí estaba nos habló en quichua y presentó la importancia que para ellos había tenido este pastor que les había ayudado a recuperar su dignidad y a levantarse. Que hoy los seguía inspirando en el cuidado de su tierra y en la vivencia del evangelio. Las semillas que don Leonidas había sembrado hoy eran árboles grandes que seguían dando fruto. Es la fe de un pueblo que se nutre de sus testigos, de los que luchan codo a codo. Una fe que se hace oración, liturgia, bendición y a la vez compromiso, justicia de pobres, vida compartida.

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Hubo dos visitas más que completaron esta experiencia. Una fue a la casa y museo de Oswaldo Guayasamín, que él bautizó como Capilla del Hombre y que nos muestra la obra de un artista increíble, que plasmó el alma del pueblo latinoamericano, sus luchas y sobre todo su dolor. Muchos conocemos esos cuadros que son tardíos en su vida que corresponden a la colección de la Edad de la ternura, donde él evoca la relación con la madre y con su madre. Pero también está la Edad de la Ira y muchos cuadros que dan cuenta de la violencia sufrida por tantos hombres y mujeres en nuestro continente y en el mundo. Fue un hombre extremadamente sensible y la pintura fue la manera de expresarlo. Fue un hombre lleno de vida que al construir la capilla del hombre quiso crear algo que fuera como un templo dedicado a la humanidad y más que nada a la construcción de la paz. Viendo el dolor que causa la deshumanización, el atropello, el abuso, las personas quisieran realmente entrar por un camino distinto.

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La segunda visita, que selló este paso por Quito, fue a la Iglesia de la Compañía, una verdadera joya del arte Quiteño. Representativa del barroco andino. De esas Iglesias en que se ocupan todos los espacios decorando con pan de oro y grandes cuadros. Pero todo ello con una grandísima armonía. Obra de artistas y artesanos, unos venidos de otros continentes y otros nacidos en esta tierra. Mezcla de la América morena y el cristianismo venido del otro lado del Atlántico. Mezcla de estilos y de capas culturales. En ese sentido, mestiza. Algo muy propio de nuestra tierra, que en estas obras de arte muestra sus hermosos frutos.

Concluyendo esta reseña y volviendo a los hermanos que nos juntamos hubo dos cosas más que sintetizaron nuestro encuentro. Una buena conversa sobre la misión y un buen partido de fútbol. Nos dimos un espacio de reflexión sobre el deseo de que hubiera una comunidad misionera latinoamericana, en algún lugar de este continente, con hermanos de diversas provincias, que fuera capaz de entrar en áreas donde nos cuesta más llegar, respondiendo a la interpelación del Papa Francisco de ir a la fronteras, a los márgenes, a las periferias de todo tipo. Fue un espacio en que habida cuenta de la realidad nos dimos permiso para soñar y entusiasmarnos y pensar caminos de futuro. Habrá que ver cómo es recibido y discernido esto por nuestras comunidades y hermanos. Y, por último, para despedir el encuentro, jugamos una hermosa pichanga (palabra probablemente mapuche que usamos en Chile para hablar de un partido de fútbol) que llamamos “Campeonato León Silva Marín” en honor a nuestro querido hermano colombiano fallecido el año pasado. León pertenecía a esta generación, habría estado en este encuentro y le gustaba el fútbol.

Todo fue un regalo y ahora a seguir viviendo, sirviendo, amando, que el evangelio se aprende así, a la siga de Cristo, caminando. ¡Gracias por todo Señor!

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Lo que este encuentro significó para cada uno:

Javier Cárdenas (Chile) Encuentro con Jesús resucitado en mis hermanos y en los pobres e indígenas.

Pedro Pablo Achondo (Chile)  Empaparme de nuestra América Latina bajo el nombre de Jesús y de nuestra espiritualidad.

Juan Cofré (Chile) Alimentarse de Dios y de los hermanos.

Pedro León (Chile) Un tiempo para un encuentro que abre nuevas posibilidades.

Matías Valenzuela (Chile) Un espacio para detenerse y compartir la vida, mirando con nueva profundidad el pozo que es nuestra familia religiosa, el pueblo latinoamericano y nuestro propio corazón, donde late el Espíritu del Señor.

Eric Hernout (Chile) Un regalo del Espíritu.

Jimmy Benavides (Ecuador) Ver dónde está mi orilla de río donde tengo que trabajar.

Juan Carlos Vélez (Ecuador) Ocasión de revitalizar el ser Sagrados Corazones en esta generación.

Luis Enrique León (Ecuador) Una oportunidad de revitalizar mi vida religiosa y la identidad como hermano Sagrados Corazones.

Luis Alberto Hernández (Colombia) Un renovar el espíritu en comunión congregacional.

Arnoldo Castañeda (Colombia) Una experiencia de conversión y de revitalización de mi ser religioso presbítero.

Iván Espínola (Paraguay) Para mí el encuentro fue un regalo de Dios como adelanto a los cinco años de ordenación sacerdotal.

Ángel Armoa (Paraguay) Fue un tiempo de buena compañía, reencuentro, de felicidad de haber compartido la fe, la esperanza, sueños e ideales con todos los hermanos.

Lucio Colque (Perú) Sentir la fraternidad entre los hermanos Sagrados Corazones en América Latina; Sentir la presencia de Dios en medio nuestro, que nos sigue impulsando en la construcción del Reino.

Pedro Vidarte (Perú) Para mí el encuentro fue descanso, alegría, reencuentro, oración, celebración, paz y fraternidad. Una sincera mirada a mi vida en el presente donde hoy Dios me sigue llamando como religioso presbítero de los Sagrados Corazones a buscar la piedad y la alegría como signos de mi deseo de vivir mi consagración, a cuidar con atención y cariño de mi propia vida para el servicio de la Iglesia y de la Congregación.

Rufino Valeriano (Perú) Fortalecer mi vida religiosa en contexto latinoamericano.

Joao  E. Mattos (Brasil) Un momento de reflexión y de fortalecer una decisión.

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Quito SSCC 2017

Grupo completo.jpgHemos comenzado un encuentro de formación permanente organizado por la Conferencia Interprovincial de América Latina (CIAL) que tendrá lugar entre el 16 y el 26 de mayo en Ecuador. Estamos reunidos en Quito en la Casa de Oración Cruz Pamba SSCC de Conocoto que pertenece a las hermanas de los SSCC. Somos en total 21 hermanos de ocho países, pero los que estamos viviendo el encuentro somos 17 de siete países. Coordinan el encuentro Guillermo Rosas (Chile), Hilvar Loyaga (Ecuador) y Arley Guarín (Colombia), y viene como acompañante espiritual Martín Königstein. Hemos sido convocados hermanos que tenemos entre cinco y quince años de votos perpetuos y la finalidad que se nos ha planteado es la de reflexionar juntos la vida y la misión a la que hemos sido llamados. Buscando generar miradas comunes así como profundizar nuestro sentido de pertenencia congregacional. Todo ello vivido como un tiempo espiritual, es decir, de encuentro con nosotros mismos y con el Señor.

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Estamos reflexionando diversos temas que atañen a nuestra vida. En primer lugar hablamos sobre la adhesión, es decir, el sentido de pertenencia, y cómo este se hace más difícil por una serie de fenómenos culturales como: la masificación, el individualismo, la agregación líquida, la crisis de las instituciones y la desconfianza. Lo más propio de la vida religiosa es justamente la agregación, la comunitariedad, lo cual se ha visto debilitado por los fenómenos culturales actuales. Cabe preguntarse en qué medida estos fenómenos nos afectan en nuestros vínculos y especialmente en nuestra pertenencia a la Congregación. La adhesión a la que estamos llamados es en primer lugar a la persona de Jesús y a su proyecto, el Reino de Dios. Esto lo vivimos en la familia de los SSCC encarnada en hermanos y hermanas concretos, que es parte de la Iglesia.

Todo esto, la expresamos en el voto religioso que es una promesa, un compromiso, que nos abre al futuro en un gesto de confianza y esperanza. Nos entregamos a un camino que no conocemos ni podemos controlar. En ese sentido la adhesión a la Congregación es una apuesta y pide madurez humana y osadía cristiana. Confiar en un camino que no me pertenece, por amor a Jesús y junto a mis hermanos.

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Luego, también hemos reflexionado sobre la tensión que significa ser a la vez religiosos y presbíteros. Son dos dones de Dios que están llamados a unirse en cada hermano sacerdote con armonía. Implica asumir que somos presbíteros y muchas veces el problema no está dado por el ministerio mismo sino que en las tendencias que tenemos nosotros mismos al auto centramiento y al poder. Reconocemos que hemos tenido una carencia en la formación, ya que no se nos formó para vivir el sacerdocio ordenado, sino que para la vida religiosa, para la comunidad, pero a la hora de entrar en la vida adulta todo está muy teñido por la acción pastoral que se vincula la ministerialidad y eso influye en nuestro ser religioso y en los distintos aspectos de nuestra vida.

El presbiterado se vincula con la acción pastoral de la Iglesia, con la misión. Mientras que la vida religiosa se vincula con nuestro ser y especialmente con el seguimiento de Jesús en comunidad. El problema se da por un cierto modo de vivir el ministerio que se tiñe de nuestro individualismo. El desafío es vivir el sacerdocio ordenado, que es un servicio, enraizado e inspirado desde nuestro ser religiosos sscc, es decir, de un cierto modo y con una finalidad específica que es la de anunciar el amor de Dios.

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Al finalizar la semana, ayudados por nuestro hermano Eduardo Pérez Cotapos, hemos profundizado en la historia de la Congregación a la luz de la elaboración de nuestras constituciones que han tenido siete versiones a lo largo de este recorrido. Es interesante ver los orígenes, los acentos y los cambios. Darnos cuenta que las cosas no han sido siempre iguales y eso nos permite abrirnos a la novedad del futuro. Una de las cosas hermosas de nuestras constituciones es que desde los orígenes están inspiradas en la regla de San Benito que comienza con las palabras “escucha hijo las palabras del maestro, abre el oído del corazón”, es decir, son una invitación a una actitud espiritual que es a la vez filial y de aprendizaje. Una actitud que busca abrir el corazón para dejarse moldear por Dios a través de la vivencia de la comunidad, los votos y la misión común.

Agradecemos la oportunidad que hemos tenido de estar juntos y de parar un momento. Probablemente deberíamos hacerlo más a menudo. La posibilidad de vernos, de conversar, intercambiar experiencias y puntos de vista. Reír, cantar, hacer deporte, comer y rezar, fortaleciendo nuestros vínculos y nuestra pertenencia a esta familia desde nuestra identidad latinoamericana. Ver rostros y escuchar el acento de hermanos de Perú, Colombia, Paraguay, Brasil, Ecuador y Chile, e incluso Francia, gracias a nuestro hermano Eric. Percibiendo que tenemos una historia común y a la vez podemos soñar juntos. Eso es un gran regalo y lo queremos cuidar.

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Tierra mojada

Este es un sitio para compartir experiencias y miradas de la realidad. Se llama tierra mojada, porque evoca el olor que exhala la tierra cuando se moja en la tarde y todo el calor del día se transforma en humedad. Recuerda que somos barro, es decir, esa tierra húmeda, llena del agua que da vida.

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matías valenzuela sscc