Mujer del cántaro rompido

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Mujer del cántaro rompido

dame de beber.

Me acerco a tus heridas,

sin ánimo de ofender,

escuchando tu silencio,

acogiendo tu ser.

 

Mujer de muchos verdugos

cuyas piedras mancillaron tu piel,

tu rostro, tus brazos, tus senos,

tu corazón, tus labios, tu ser.

Con la fuerza dominante de la estupidez,

el hielo de la indiferencia,

la brutalidad de la burla,

del sin respeto,

que no liberan, ni dejan florecer.

 

Mujer qué grande es tu fe.

Compañera, amiga, hermana,

me acerco a tu herida,

con infinito respeto,

con los pies descalzos

y te pido del agua que calma la sed.

 

Tu corazón es una fuente,

que el cántaro trizado

permite conocer.

Por ahí pasan muchos ríos,

que humanizan la vida,

del que está dispuesto

a dejarse tocar y remecer.

 

Mujer del cántaro rompido,

no tengas miedo,

no ocultes tu rostro.

Perdón te pedimos,

por tanta indiferencia,

por tanta burla.

Somos nosotros, quienes sedientos

nos acercamos a beber.

 

Vamos juntos a la fuente

que repara toda vida,

donde tu cántaro y el mío,

se hacen ofrenda viva,

de amor y rebeldía.

Un grito que clama al cielo,

por una vida sin soberbias ni mentiras

sin violencias, ni abusos de poder.

 

Gracias por ser compañera,

mujer,

tu cántaro rompido,

exige tiempos nuevos.

Y nos grita…

caminemos juntos,

tengo sed.

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Evocando la vida de muchas mujeres que han sido violentadas y que merecen nuestro máximo respeto y amor, así como el compromiso de todos por la reparación y por una vida sin abusos. Merlo, encuentro de Jóvenes y Memoria junto a la pastoral juvenil de la parroquia San José, para reflexionar y denunciar la violencia contra la mujer, 18 de agosto de 2017.

 

 

 

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La vocación en los SSCC y el corazón de María

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Puede resultar extraño poner la atención en el corazón de María en lugar de profundizar en este carisma a través del corazón de Jesús, que es claramente el centro. Pero me ha inspirado el hecho de que nuestra manera de acercarnos y de seguir a Jesús es al modo de María, porque ella junto con ser su madre fue su discípula y su corazón está completamente unido al de su hijo, del mismo modo como nosotros queremos unirnos a él. Por ello, reflexionar sobre el Corazón de María en cierto modo es hacerlo sobre nosotros mismos, acerca de las actitudes que deberían animarnos y conducirnos en la apertura a Dios y en el descubrimiento de sus llamadas.

Por otro lado, cabe indicar que las distintos aspectos que se destacan en el carisma de los Sagrados Corazones están muy unidos entre sí, por lo que cualquiera que se escoja para profundizar de algún modo nos lleva a los otros, pero en el caso de María y de la vocación eso es aún más patente, porque ella fue llamada para una vocación única, la de ser Madre de Dios, ella y su vocación son completamente inseparables. Sin esa vocación y sin su respuesta al llamado de Dios no estaríamos aquí y menos estaríamos hablando de ella.

De María se puede partir diciendo que es una mujer, que fue madre y esposa y todo ello es relevante, su feminidad, su maternidad y la esponsalidad, con José y en un cierto sentido con el mismo Dios. Pero todos esos atributos y dimensiones de su ser están íntimamente relacionados con uno que es un aspecto de la vida interior, el hecho de que ella es oyente de la palabra, ella es acogedora de la palabra, es receptiva de ella. María sabe escuchar y a la vez dialogar desde lo hondo de su corazón poniendo en juego todo su ser, incluida su libertad para abrirse al sueño de Dios, a la libertad de Dios que es creativa y dadora de vida y que se acerca a ella para solicitar su colaboración. Incluso esta capacidad de acogida de la palabra en María es signo de su ser femenino. Hay algo muy femenino en la espiritualidad en general, porque implica capacidad de hacer silencio y de escuchar muy interiormente en nuestro ser. Ello también pueden hacerlo los varones, pero para la mujer en cierto modo resulta más natural, porque ella está hecha para recibir una vida nueva en su seno y ahí engendrar, acogiendo al otro, respetando también su libertad. La maternidad implica una máxima receptividad del otro y hay personas que asimilan la vida espiritual al hecho de estar embarazados, porque es como llevar dentro la vida de otro, en este caso de otro con mayúscula, la vida de Dios.

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Para nosotros que estamos llamados a unir nuestro corazón al de Jesús tal como lo hizo María: “llamados a entrar con Jesús y como María en el designio del Padre de salvar al mundo por el amor”, implica un camino profundo de encuentro con Dios en nuestro interior, eso requiere atención a la realidad, capacidad de escucha de la Palabra y por lo mismo silencio. María no es una mujer que simplemente esté encerrada en su casa esperando que llegue a ella el ángel de Dios. Ella está en la vida y preocupada de otros. Está por casarse, está a punto de asumir un compromiso definitivo, probablemente muy joven, y con ello iniciarse en la formación de una familia. Luego cuando sabe que su prima Isabel está embarazada parte a verla a las montañas de Judá, para apoyarla, acompañarla hasta el parto y compartir lo que ha recibido como don y como misión. Y cuando llega donde Isabel y ésta la reconoce como madre del Salvador, de su Señor, la Virgen proclama su Cántico, el Magnificat,  en el cual habla de la misericordia de Dios que se ha fijado en la pequeñez de su sierva y a la vez se ha preocupado de su pueblo derribando del trono a los poderosos y a los soberbios, enalteciendo a los pobres y a los humildes y colmando de bienes a los hambrientos. O sea, lo reconoce como el Dios de sus padres que cumple sus promesas y que jamás abandona a su Pueblo. Ella es una mujer de su pueblo, ella no necesita hacerse pueblo, porque lo es, pero nosotros para seguir sus pasos sí necesitamos hacernos Pueblo y vivir su suerte compartiendo sus luchas y esperanzas y con ello dando testimonio del amor de Dios.

Es en esta realidad a la cual debemos estar muy atentos, donde deberemos escuchar a la luz de la palabra evangélica las llamadas de Dios para nosotros y para toda la humanidad. Es ahí donde podremos percibir el sueño de Dios para nosotros. Que cada vez que llama está ejerciendo un acto de amor – alguien podría decir no me ame tanto -, pero es así, su llamada es una consecuencia de su amor, por nosotros y por todo su pueblo. Dios, el Dios que se nos reveló en Jesús despliega su amor llamándonos y así integrándonos en la misión de su Hijo, haciéndonos partícipes de ella.

Es muy hermoso en este sentido, que la vocación y misión de los Sagrados Corazones, su carisma, haya sido ofrecido simultáneamente a un hombre y a una mujer, nuestros fundadores, Pierre Coudrin y Henrriette Aymer, que se unieron para dar vida a esta familia, al modo como están unidos el corazón de Jesús y el de María, con el Espíritu de Dios en el centro, ardiendo de amor por el Padre y por toda la humanidad, en especial los que sufren, los pobres. Así como estamos llamados a unirnos integradoramente, respetuosa y creativamente, hombres y mujeres a quienes Dios ha llamado a ser sus hijos e hijas para engarzar a muchos en su misterio de Amor.

Hay otro aspecto que me gustaría destacar en María, la mujer madre de los evangelios y tiene que ver con su sabiduría. Los textos bíblicos indican que ella reflexionaba todas las cosas en su corazón, las masticaba ahí. Es decir, aquello que iba viviendo lo pasaba por el corazón a fin de preguntarse ahí por el querer de Dios y por el modo de responder según su voluntad. Es una persona capaz de hacer pausa antes de actuar y además es capaz de decantar las vivencias, sobre todo las más dolorosas, aquellas en las que al inicio no es posible comprender nada y el dolor nubla el entendimiento y aprieta el corazón – como la muerte de un hijo. Ella es capaz de ir a su interior y ahí volver a mirar la realidad, en silencio, a la luz de la palabra de Dios. Sólo después de ello sale a crear mundo y sobre todo comunidad. Es la mujer del discernimiento. Es la que sabe juzgar entre lo bueno y lo malo para elegir con rectitud. Por ello podemos decir que junto a ser parte de su pueblo es la gran exponente de la sabiduría del pueblo de Israel que sabe “saborear”  la vida, leyendo en ella la senda a seguir con paz interior. Insisto en la conexión muy profunda entre atención a la realidad, capacidad de hacer silencio y conexión interior y capacidad de escucha de la Palabra, es decir, iluminación de la realidad por medio de la fe, y finalmente capacidad de elección, por ello mismo, capacidad de dar pasos de riesgo y de compromiso por el amor. Sólo así es posible verdaderamente desplegar una vocación y entrar en la misión que Cristo nos dejó.

 Preguntas para el trabajo personal y comunitario

1. ¿Te has sentido llamado por Dios? ¿Te has preguntado en serio por el querer de Dios para tu vida?

2. ¿Qué actitudes destacarías en María que la hicieron capaz de vivir el llamado de Dios?

3. Si nuestra vocación es: “entrar con Jesús y como María en el designio del Padre de salvar al mundo por el amor”, ¿de qué manera podemos concretarlo hoy, personalmente y como comunidad?

4. Lo que hemos reflexionado sobre María y la Vocación en los Sagrados Corazones qué puede aportar en la tarea educativa y catequética que desarrollas.

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(Material elaborado para el trabajo con catequistas del Colegio Emaús, 5 de agosto de 2017, Buenos Aires)

Argentina – Libertad 2017

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Quiero recoger en estas líneas algo de lo que ha sido mi experiencia en Argentina desde que llegué en abril del presente año y parto haciendo algo de historia. La presencia de la Congregación de los Sagrados Corazones en Argentina data de 1929 con la llegada de hermanos alemanes, que se establecieron en Buenos Aires, en una parroquia llamada María Magdalena de Betania ubicada en el barrio de Almagro. Antes habían ido dos años a Chile para aprender el idioma castellano, en Santiago. Llegaron a ser más de treinta hermanos y las tareas apostólicas fueron amplias. Además de la parroquia de Betania y el Colegio Emaús, ubicado en el sector de Palomar, que fue asumido por la Congregación el año 1954 contaron además con: la parroquia Cristo Rey en Haedo; parroquias en el sur de la Provincia de Buenos Aires en Dock Sud, Santa Catalina y Sagrado Corazón; parroquias en el sur de Argentina, en sectores campesinos, en Orense y Oriente; diversos servicios en Córdoba en la Granja Padre Luis; trabajaron, a su vez, en las obras misionales pontificias, recorriendo toda la Argentina y dando a conocer a Damián de Molokai por todas partes; tuvieron también un colegio ubicado en un sector llamado Navarro, era una escuela apostólica al modo de los seminarios menores; y la presencia en el sur de Chile, donde fundaron y acompañaron por muchos años las parroquias de La Unión y Río Bueno.

Ahora bien, en los años ’70 comenzó una disminución de la provincia alemana y eso hizo que la presencia en Argentina se debilitara. Por entonces los hermanos que permanecían en las tierras del Río de la Plata decidieron dar un paso hacia la periferia de la ciudad. Asumiendo en el partido de Morón la parroquia Sagrada Familia, barrio de Texalar, el año 1985 y Armando Lanzani fue su primer párroco Sagrados Corazones. En el mismo período se comenzó a proyectar el traspaso del colegio Emaús a los laicos hasta llegar a conformarse una fundación llamada padre Luis (por el Padre Luis Hengst sscc) que el año 2016 cumplió 25 años. Este colegio conserva y alimenta una fuerte impronta Sagrados Corazones. Ahí sigue viviendo y prestando servicios el hermano Félix Martin que por estos días cumple 71 años de vida. A fines de los ’90 se dejó la parroquia de Betania que estaba en el centro de la ciudad de Buenos Aires.

El año 2000 la Provincia Chilena de la Congregación asume oficialmente la presencia argentina como una región de Chile, llevándose a cabo un traspaso desde la Provincia Alemana, todo lo cual tuvo lugar en la Casa General en Roma, siendo en ese momento provincial de Chile Eduardo Pérez Cotapos sscc.

Por el año 2001 los hermanos profundizaron aún más su presencia en el conurbano Bonaerense, sur oeste de Capital, insertándose en la diócesis de Merlo Moreno, en barrio Rivadavia, asumiendo la parroquia Nuestra Señor de la Paz, ahí el primer párroco Sagrados Corazones también fue Armando y luego Ricardo Sotomayor. Posteriormente, la comunidad provincial, después de un discernimiento donde se pensó incluso la posibilidad de cerrar nuestra presencia en Argentina, decidió trasladarse a otra parroquia de la misma diócesis en la ciudad de Libertad, llamada San José, a la cual llegamos el 4 de diciembre del año 2010 y el hermano que ha servido como párroco desde entones es Ricardo Sotomayor sscc. En San José también han vivido y trabajado los hermanos Juan Cofré, Armando Lanzani, Jimmy Benavides, Gabriel Horn, Nicolás Viel y quien escribe estas líneas.

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La Parroquia San José de Libertad existe desde el año 1959 y sus párrocos anteriores a la llegada de la Congregación fueron Castro Murray, Osvaldo Remón y Juan Carlos Martínez. Éste último fue párroco por 30 años aproximadamente y fue un gran impulsor del crecimiento de la parroquia, levantando capillas y escuelas por diversos sectores de la población, conforme iba creciendo la densidad poblacional de la zona. La parroquia llegó así a tener 17 capillas y 7 centros educativos, los cuales prestan servicios a más de tres mil personas.  Por lo mismo hay un movimiento bastante grande de gente y sobre todo de niños y jóvenes, por lo cual se puede prestar un gran servicio a la formación de personas y a la evangelización.

Para llegar a Libertad es necesario hacer un viaje que dependiendo del medio de locomoción y desde dónde uno parta puede variar entre una y dos horas desde Capital, o sea, desde el centro de Buenos Aires. Los medios de locomoción colectiva son el tren (hay dos el Belgrano y el Sarmiento, éste último fue el que tuvo el trágico accidente en la estación de Once el año 2014 y hoy luce vagones muy nuevos, pero mantiene una gran congestión de personas en los horarios punta) y unas mini-van que hacen un viaje más rápido hasta el Obelisco. Ahora bien, estando en Libertad proyectar un viaje a Capital implica muchas horas, por eso lo hacemos poco, cuando lo amerita algún trámite, el encuentro con alguien que está de visita o una oportunidad de recrearse. Por ello la vida diaria transcurre en los barrios donde están la parroquia y sus escuelas. Por lo mismo, las veces que he ido a Capital he sentido que estoy en otro mundo. Porque Capital es un lugar de grandes edificios, mucha gente y autos que se mueven hacia todos lados, a todas las horas del día. Es un lugar además que en muchos aspectos tiene un sabor europeo. En cambio Libertad es un lugar con menor aglomeración de personas, con menos vehículos y con casas de uno o dos pisos. Algunas son de autoconstrucción o están en proceso de ampliación. La mayoría son de material sólido con bellos jardines, pero también hay casas de madera con cierres más precarios y que muestran la sencillez de nuestra población. Es decir, estamos muy lejos de Capital, en un mundo más simple aunque no por eso menos activo y vital. Además en los rostros de las personas se manifiesta la mezcla de nuestros orígenes, entre los cuales destacan los tanos, así llaman en Argentina a los italianos, los paraguayos y la gente que se trasladó desde las provincias, es decir, desde el interior de Argentina hacia la capital, viniendo por ejemplo de Salta, Tucumán, La Rioja, etc. Claramente hay mezclas y entre ellas están también las raíces más originarias de nuestra América morena, la de sus rostros indígenas. Hay jóvenes que se llaman Nahuel (que en lengua Mapuche significa león) o Lautaro, así como nombres de lugares provenientes de la lengua guaraní como Caacupé o Itatí.

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En este tiempo en Argentina y particularmente en la diócesis de Merlo Moreno una de las cosas que más me ha llamado la atención ha sido la experiencia de Iglesia. Por un lado, me he encontrado con sacerdotes, partiendo por el obispo don Fernando Maletti y su auxiliar Oscar Miñarro tremendamente cercanos y descomplicados. Muy distantes de la formalidad y el clericalismo. Con una gran preocupación por vivir conscientemente la opción por los pobres, tanto que el lema diocesano de este año es “Anunciar la Buena Noticia de Jesús a todos desde los pobres en salida misionera”. Para mí escuchar al obispo en la misa crismal fue una cosa realmente refrescante que me renovó en  mi sentir eclesial. Inmediatamente percibí la sintonía de estos pastores con el magisterio del Papa Francisco, en sus gestos y en sus palabras. Percibí el compromiso y la preocupación por su pueblo y todo ello me inspiró y llenó de alegría.

Por otro lado, en las comunidades que me está tocando servir una de las cosas que me ha impresionado ha sido la devoción de este pueblo. La devoción mariana, el lugar que tiene la Virgen y particularmente la Virgen de Luján y al mismo tiempo la religiosidad popular que se expresa en la necesidad de pedir la bendición a las personas y a las fotos de personas, a las llaves de las casas y de los autos, al agua que luego llevarán a sus casas o a los enfermos. La devoción a los santos. Es una religiosidad donde la conexión con lo sagrado es muy fuerte, a flor de piel. En cierto sentido se parecen más a las comunidades evangélicas que conocemos en los barrios de Chile, porque tienen un componente carismático donde la alabanza juega un rol fundamental. En el mismo contexto hay personas que acuden a misas de sanación e incluso a exorcismos, porque perciben la presencia del mal en sus vidas, entre otras cosas porque está bastante extendida la práctica del Umbandismo que es una ritualidad más vinculada a cultos afro americanos, donde se sacrifican animales produciendo mucha inquietud en las personas. He percibido también que se trata de una religiosidad más bien tradicional en cuanto a los aspectos vinculados a la moral sexual, por lo menos, en lo que se refiere a la posibilidad de integrar la condición homosexual más abiertamente. Hay personas por lo mismo para quienes es difícil asumir su condición sexual y comunicarla al entorno.

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Al mismo tiempo, junto a la religiosidad se percibe también en las personas una gran pasión por la político. Alguien ha dicho que en los argentinos que la política, el fútbol y la religión están unidos en la misma pasión. Toman partido sin matices, con fuerte adhesión por unos y gran rechazo hacia otros. Una de las cosas que valoro en este aspecto es que como país veo más cultura en torno a la memoria, sobre todo lo relacionado con las violaciones a los Derechos Humanos y la dictadura. Han hecho un camino mucho más largo en ese sentido. Incluso, en la escuela donde he comenzado a prestar servicio hay un grupo que se llama jóvenes y memoria que cada año hace un proyecto de investigación sobre temas de derechos humanos que tenga una incidencia en su propio territorio. Por ejemplo, un año investigaron sobre los cuerpos de detenidos desaparecidos que habían sido enterrados en el cementerio de la ciudad y el proyecto concluyó con la elaboración de un mural en memoria de esas personas. Esta dimensión los argentinos la llevan en la piel y se expresa en el respeto que merecen las madres y hoy abuelas de las Plaza de Mayo así como en la gran marcha que se convocó cuando la Corte Suprema quiso disminuir el cómputo de las penas de los delitos de lesa humanidad, lo que llamaron el “dos por uno” y toda la ciudadanía se volcó a la calle para expresar su repudio.

Otros aspectos que han llamado mi atención tienen que ver con la parroquia misma. Por una parte, están los ministros de la eucaristía que prestan un servicio a las comunidades de la parroquia, desde hace ya muchos años, entregándose en sus capillas y a los enfermos como verdaderos pastores y pastoras. Ellos llevan la comunión y a la vez animan la reflexión de la Palabra. Para las comunidades de nuestra parroquia son un regalo que nos muestra las posibilidades que tiene la formación y protagonismo laical. Otro tanto ocurre en la Pastoral Juvenil donde poco a poco se fue encendiendo una mecha y generando una organización donde muchos han querido vincularse. La pastoral con jóvenes está muy lejos de ser una pastoral deprimida o desalentada, es por el contrario un lugar muy vital donde están llegando nuevas personas y los más antiguos están asumiendo roles de asesoría y animación. Hay muchos proyectos y sueños por ejemplo formar una orquesta juvenil en los barrios y a la vez desarrollar una pastoral social juvenil.

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Por otra parte, todo el aspecto educativo de la parroquia es bien sorprendente. Yo no lo había visto en Chile. En Argentina es más común la existencia de escuelas parroquiales, que funcionan con financiamiento estatal y administración diocesana. En nuestro caso la parroquia cuenta con una escuela parroquial que a la vez se divide entre dos jardines infantiles, dos primarias y una secundaria, en total unos mil alumnos. Además, cuenta con centros de estudio para adultos que necesitan completar su educación secundaria, un centro de formación profesional – que es una escuela de oficios –  y un terciario que es un pequeño instituto de formación técnica que cuenta con cuatro carreras técnicas. O sea, es todo un mundo. Y por si fuera poco en las capillas funcionan hasta el día de hoy centros de alfabetización donde adultos pueden completar su educación primaria. Todo esto se fue gestando a lo largo de los años a partir de las necesidades del lugar, respondiendo a ellas y con mucho trabajo colaborativo. Hay una visión en ello, es la construcción de una parroquia que se pone a disposición de las personas en lo que más necesitan a través de una gran red de servicios y personas.

También me he encontrado con el dolor y el malestar, que tiene muchas causas. Por un lado a nuestra gente la ha golpeado la disminución de los beneficios sociales y el encarecimiento de la vida. Además habitamos un barrio donde hay bastante delincuencia, lo que produce inseguridad y hace que las personas eviten transitar en las noches. Muchas veces los asaltos son llevados a cabo por personas del mismo barrio que encuentran en eso la manera de buscarse la vida o porque están sumidos en la droga. Todo el tema de las adicciones es muy duro. Se ven jóvenes sentados en las esquinas que probablemente pueden estar ahí horas de horas, matando el tiempo. Hay una gran preocupación por trabajar el tema de las adicciones a nivel pastoral. También están las penas de la gente, por las pérdidas, las muertes, los accidentes, los suicidios. Así como las muertes causadas por la violencia. También he tomado consciencia de los efectos que el alcoholismo y el machismo tiene en algunas familias y en el desarrollo de sus hijos. En Argentina así como lo hemos constatado en Chile también se percibe el debilitamiento del núcleo familiar por el aumento de las separaciones, los abandonos y la falta de consistencia o madurez de los adultos.

No obstante lo anterior, las personas celebran la vida con mucha alegría. Son muy afectuosos y acogedores, yo al menos me he sentido recibido con mucho cariño. Hay una gran libertad en la expresión de lo que se siente. Hay capacidad de bailar y de reír y de compartir la casa y la comida descomplicadamente. Un aspecto a destacar tiene que ver con el baile. En las actividades parroquiales más festivas se termina bailando y lo que se baila es lo propio, lo tradicional: la chacarera, el chamamé, la cumbia, el cuatro y otros que desconozco. Es muy hermoso, son bailes colectivos o de pareja y entran todos, adultos jóvenes y niños e incluso los curas. He percibido en ellos lo que el Papa ha promovido mucho que es la cultura del encuentro. Eso da mucha vida. Tanto es así que había una fiesta que se llamaba la fiesta de la tradición. Y una joven en un curso me preguntó si en Chile teníamos cultura y yo entendí que me preguntaba por el cultivo de las tradiciones de un pueblo, el sabor y el color local, que en Chile existe, pero está mucho más restringido a las fiestas patrias o a los actos de los colegios. Aunque hay artistas que como Violeta Parra y Víctor Jara han sabido leer y cantar esas raíces de nuestra tierra y de nuestro pueblo.

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Todavía pensando en la gente, pero ahora mirando a los niños y jóvenes. Hay rasgos que son comunes a los jóvenes y a los niños de otras partes, pero hay un aspecto que he percibido en Argentina y especialmente en los niños que es su interés por la persona nueva que llega. Mi sensación es que te reciben con alegría, sin temor y sin indiferencia, sino que con gozo. Te sonríen, te saludan incluso en la calle y te hacen muchas preguntas. En ese sentido me parece que en general son poco vergonzosos, sino que desde pequeños muestran una personalidad comunicativa, opinante, extrovertida, lo cual es muy hermoso. Eso me ha pasado en varias escuelas en las que he estado. Como que no predomina la timidez, sino que predomina el deseo de la comunicación y el afecto, es decir, el deseo de contactarse con el otro, con gran hospitalidad. En las misas con niños y jóvenes que he celebrado he percibido gran receptividad. Eso es muy bello. En un patio de la escuela una niña que no conocía se me acercó y me dijo con una gran sonrisa “Yo creo en Dios” y luego se fue corriendo.

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Unas palabras sobre la comunidad religiosa en que me ha tocado vivir. Somos tres hermanos, Ricardo, Nicolás  y yo, tenemos edades que bordean la edad media, por lo que nuestra distancia generacional no es tanta y estamos empeñados en la misma misión que es la de acompañar a esta comunidad parroquial con sus escuelas en esta porción de la iglesia que se nos ha encomendado. Pienso que desde el punto de vista del proyecto apostólico nuestro énfasis es sobre todo promover la construcción de comunidad y aportar a la promoción humana, a través de la formación, el acompañamiento y la profundización de la vida espiritual. Creo que todavía podríamos dar pasos más misioneros en el lugar. Pero como sea, siento que la comunidad ha sido un espacio muy grato de convivencia. Me ha pasado que hacía varios años que no tenía la posibilidad de iniciar el día rezando con los hermanos y luego desayunando juntos. Diría que el momento del desayuno es uno de los mejores del día, porque en general es tranquilo y nos permite conversar y poner en común diversos aspectos de la jornada, de la vida y de la misión. Esa regularidad me ha ayudado a volver a rezar todos los días temprano. Además almorzamos juntos, porque como el lugar pastoral está junto a la comunidad, los desplazamientos son rápidos y nuestro almuerzo es a las 12:30, es decir muy temprano para lo que es habitual en los ritmos citadinos, lo cual permite una tarde larga de trabajo en que se pueden incluir diversas cosas como visita a las casas, conversas con personas, reuniones, oración e incluso estudio y lectura. Como sea el espacio de la comunidad, aunque llevamos poco tiempo, ha sido muy grato y creo que podemos seguir profundizando nuestro conocimiento mutuo, nuestro acompañamiento y a la vez compartiendo la riqueza de la vida pastoral y espiritual que se nos ha dado.

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Avanzando hacia el final de esta primera crónica de mi tiempo en Argentina quisiera hacer notar un detalle que tiene que ver con el clima y la vegetación. Se trata de lo siguiente. Estamos ubicados en el margen oeste del Río de la Plata y es un lugar donde tradicionalmente había grandes pantanos, es decir, mucha agua, humedales y pastizales, cosa que permitió en su tiempo la ganadería y la gran industria del cuero, que fue la que le dio esplendor a Buenos Aires. Eso está condimentado con un clima húmedo, muchas veces con calor húmedo y en invierno con una humedad fría que cala los huesos. Pero esa humedad y esas temperaturas – que producen bastantes mosquitos – han hecho que la vegetación sea abundante y sobre todo frondosa. Una de las cosas que más me han impresionado en Buenos Aires es el tamaño de sus árboles. Muchos son árboles de tronco largo, pero no sólo eso, tienen además un follaje que se abre y se expande hasta más no poder, es como si las ramas y las hojas tuvieran una fuerza interior que necesitara desplegarse y pudiera hacerlo generosamente. De tal manera que los árboles no se ven apretados tratando de guardar el máximo de agua posible para tiempos de sequía, como podría hacerlo un huayacán en las zona central de Chile. En Argentina, en cambio, los jacarandás y los ceibos adquieren gran altura y sobre todo una copa que se expande ampliamente, porque además tienen mucho espacio. Cuando miro esos grandes árboles me dan ganas de respirar a todo pulmón.

Por último, quisiera mencionar algo vinculado a mi mundo interior y al sentir que me ha acompañado este tiempo. Cuando me dijeron que partiera a Argentina, que fue en septiembre del año pasado, lo primero que sentí fue una gran libertad interior. Me permitía soltar muchas cosas y partir hacia donde Dios quisiera. Lo bueno ha sido que esa libertad interior se ha mantenido. Es como estar en el lugar donde quiero estar y sobre todo donde Dios ha querido que esté, trabajando, sirviendo, acompañando, recibiendo, orando, escribiendo y amando, como sacerdote y religioso sscc. En momentos muy sencillos, con una persona, con una comunidad pequeñita, caminando por un barrio o conversando de literatura. Ha sido un tiempo de regalo. No sé cuánto dure. El otro día una joven me preguntó, cuánto me iba a quedar. Y no lo sé. Sé lo que me dijeron cuando partí, pero uno nunca sabe, sobre todo en este camino. Pero sí he sentido el deseo de quedarme un tiempo que sea bueno, que sea consistente. Me encantaría estar lo suficiente para aportar y eso sé que implica echar raíces, conocer la realidad y desde ella anunciar a Jesús y el Reino. Quisiera poder hacerlo. Estar presente, es decir, atento, interesado, escuchante, receptivo y reflexivo y desde ahí acoger lo otro, dejarme tocar y transformar. Doy gracias a Dios por haberme puesto en este camino y regalarme la oportunidad de conocer mundos nuevos. Leer muchos libros, sobre todo los de la vida de mis hermanos, con su experiencia, que enriquece la mía y me permite intuir el paso de Dios. Así como la oportunidad de valorar la diversidad y la pluralidad desde los pobres y sencillos, en la polifonía del Amor que nos invita a caminar juntos.

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Auco, 13 de julio de 2017, día de Teresita de los Andes.

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Los hermanos de los Sagrados Corazones que nos reunimos en Quito entre el 16 y el 26 de mayo de este año ya hemos vuelto a nuestros países de origen o a nuestros lugares de misión. Aunque todavía conservamos las sensaciones que nos dejaron estos días de encuentro, de compartir la vida, la fe y los sueños. Hubo varios temas que abordamos y algunas experiencias que vivimos, algo de eso ya ha sido reseñado, pero aquí agregaremos algunos otros que también fueron muy relevantes.

Cabe destacar que los convocados éramos hermanos de votos perpetuos que tenemos alrededor de cuarenta años y que hemos vivido la formación internacional, es decir, que nuestro tiempo inicial en la vida religiosa fue en casas con hermanos de otros países, fundamentalmente latinoamericanos y donde el enfoque buscaba ser inter provincial es decir, definido en común por los responsables de las diversas presencias. Esto hizo que el encuentro fuera como un gran re-encuentro y la posibilidad de abrir el corazón y compartir la vida fuera muy simple y llano. La mayoría nos conocíamos y habíamos vivido juntos y los que no se integraron fácilmente. Eso es un valor de la internacionalidad, que nos permite mirar más allá de nuestras fronteras y soñar juntos. Además que por la edad de los participantes, que se asocia más o menos a la mitad de la vida, ya había historia que recoger, donde había crisis, caídas y logros, alegrías y cansancios, todo se junta y como el camino que habíamos elegido era el mismo se hacía mucho más fácil ponerlo en común y saberse comprendido. Esto me hace pensar en lo saludable que es la formación permanente, que debe incorporarse en todos los itinerarios de crecimiento humano, haciendo pausas, dejándose escuchar y a la vez recibiendo la iluminación de otros.

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Entre los temas que abordamos estuvo presente el de los abusos, en esto fuimos acompañados por Carlos Mangin sj, un sacerdote jesuita ecuatoriano. Partió con un dato que es escalofriante, que el 80% de los abusos sexuales se producen en el hogar y que según las estadísticas uno de cada cinco niños en el mundo ha sufrido algún tipo de abuso. La iglesia ha debido enfrentarse a este tema de manera decidida porque ha sufrido al interior de ella el escándalo de que sacerdotes cometieran abusos y peor aún, que el sistema eclesial no lo enfrentara con decisión en busca de la protección de los menores, sino que lo ocultara y minimizara. Hoy se están haciendo esfuerzo por acoger a las víctimas y reparar el daño causado, así como actuar con decisión respecto a los autores de tales conductas, por ejemplo, planteando el deber de denunciar. Pero a la vez, es indispensable trabajar en la formación humano afectiva de los candidatos al ministerio sacerdotal y también de las personas a lo largo de todo el camino de la vida.

Planteó, a la vez, tareas que tienen que ver con el acompañamiento de los niños y los jóvenes en los casos de abuso y, en general, con la prevención: fortalecer la autoestima y el sentido de la vida; buscar redes de apoyo; evitar la re victimización para lo  que es necesario escuchar sin presionar, ofreciendo confianza y empatía con lo ocurrido; enseñar a controlar la propia vida, entre otras cosas, a través de la explicitación de límites, que son indispensables para una convivencia saludable; favorecer una educación sexual integral; y ofrecer apoyo psico social a las familias de alto riesgo. Fue un tema desafiante e interpelador, que nos coloca delante de una realidad muy dolorosa, pero que es necesario enfrentar y prevenir, sobre todo por el bien de las personas, de los niños y de todos, también por el bien de las comunidades y de la Iglesia en general para que esta sea de verdad el lugar evangélico de amor y de vida, de salud y liberación, que estamos llamados a forjar con la gracia de Dios.

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Una segunda parte de la presentación de Carlos Mangin sj estuvo destinada al tema del autocuidado, es decir, la atención a nosotros mismos y a la vida de manera integral, en la línea de cuidarse para servir. No se trata de poner en el centro la realización personal, pero sí, teniendo a la vista nuestra vocación, cuidar integralmente la vida para poder hacer el bien y caminar con otros. Esto implica atención al propio cuerpo, a nuestras necesidades y a nuestros límites. Pero una de las cosas en las que puso hincapié el expositor fue el tema de la espiritualidad, en el sentido del contacto con nuestra interioridad. Tiene que ver con la conexión, con nosotros mismos, con los demás y con Dios, desde el centro de lo que somos. Una espiritualidad que se conecta con nuestra fe y con todo aquello que nos da sentido. Mangin nos propuso la imagen del iceberg que flota dejando una gran parte bajo el agua mientras que sobre la superficie se ve solo la punta señalando que nuestra vida es así, hay mucho más que no conocemos ni comprendemos de nosotros mismos que lo que se nos hace patente, por ello es tan indispensable estar atentos. La formación permanente y el autocuidado implican atención y apertura, es decir, ser conscientes de lo que vamos viviendo en cada etapa, reconociendo nuestros cambios y nuestras necesidades, con apertura al cambio y humildad. Con capacidad de pedir ayuda y dejarse interpelar. Sólo así es más factible enfrentar las diversas crisis y, a la vez, se hará posible caminar con otros, porque de lo contrario nos rigidizamos.

Por eso las palabras a las que asocio hoy el autocuidado, luego de este espacio de reflexión, son conexión, interioridad, apertura, atención y discernimiento. Discernimiento porque contemplando la realidad deberemos buscar juntos cuál es el mejor camino a seguir, por dónde nos está llamando Dios. A la vez, Carlos habló de la salud del cuerpo, asociada a la actividad física, a la alimentación y a las horas de sueño.

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Otro de los momentos muy relevantes del encuentro fue el retiro en el que nos acompañó Martín Königstein sscc. A Martín lo conocemos hace muchos años, porque si bien actualmente está en Alemania, vivió por treinta años en Chile y es un gran hermano y amigo. Sus búsquedas lo han llevado a conectarse hondamente con la interioridad. Él nos propuso en el retiro un modo de oración, que llamó ejercicio (siguiendo la tradición ignaciana), en el que debíamos estar en silencio, juntos o por separado, ordenando la respiración, con los pies en la tierra y reconociéndonos ante la presencia del Señor. Es decir, nos propuso un modo de contemplación en que uno se sitúa en el presente ante Dios, simplemente respirando y dejando fluir los pensamientos que sobrevienen. Se parece a la meditación budista, en que la persona ni se aferra ni rechaza los pensamientos y los sentimientos que sobrevienen, mientras está en silencio. Pero se diferencia de esta última, en que la persona se sitúa conscientemente ante la presencia del Otro con mayúscula, es decir, es una contemplación donde hay alteridad. Por eso Martín también recordó las palabras de Teresa de Jesús, en la que la oración es tratar de amistad estando a solas – uno podría agregar, en silencio, sin necesidad de palabras, quizás simplemente repitiendo el nombre del Señor – con quien sabemos nos ama.

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Todo ello fue acompañado de meditaciones que abordaron distintos temas, como la llamada a partir y el horror al vacío, la ascesis como un modo de avanzar en el camino cristiano y los criterios que se deben considerar para habitar el mundo en búsqueda, con otros, tratando de ser instrumentos de justicia, de paz y de encuentro. A mí personalmente me sucedió que con la invitación de Martín a este tipo de contemplación creo que di un pasito más en el camino del silencio ante el Señor, fue una oportunidad de ordenar más el mundo interior en torno a ese centro que es Jesús y con él, su Padre. Martín también nos invitaba a reconocernos con los pies sobre la tierra, es decir, en conexión con la realidad y en comunión con nuestros hermanos, con los que caminamos y ojalá con todos. Era muy hermoso estar media hora cada mañana simplemente con una vela encendida y todos en la capilla en silencio, sin apuro, acompañándonos desde adentro, en comunión.

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Otro punto muy alto de la experiencia fueron los paseos que hicimos. Que nos permitieron asomarnos a Ecuador y volver a palpar – oler, mirar, saborear – nuestra condición de latinoamericanos. Esto de ser un encuentro de hermanos de distintos países de Latinoamérica (indo afro Latinoamérica como gustaba decir nuestro querido hermano Ronaldo Muñoz sscc) se vio condimentado con el hecho de que Ecuador es un lugar bellísimo, lleno de vegetación, donde hay diversidad de alimentos y de colores que provienen de su rica tierra y de su gente. El primer lugar que visitamos fue el Santuario de la Virgen del Quinche, era domingo y estaban celebrando dos misas simultáneas, una adentro y otra afuera del santuario, había cientos de personas que expresaban un gran recogimiento y en la mayoría de ellos se veía reflejada su raíz indígena. Sus rostros, sus peinados y en algunos su vestimenta. Pero sobre todo su fe, expresada en sus gestos y en su recogimiento. La fe de los pequeños que buscan la protección de Dios a través del rostro de María, en la Iglesia, en las imágenes, en el agua bendita. Había un fervor, una piedad, donde se mezclan raíces de antiguas culturas con el cristianismo y sus expresiones.

La mano que busca salud

Se baña en agua bendita

Se persigna y pide limosna

La mano que busca salud

Se alza y alaba al Señor

La mano que busca salud

Cocina, amasa, sirve los frutos de la tierra

Llena de ojos de niños y rostros de ancianos

La mano que busca salud

Bendice y ama

Quema incienso y enciende velas

A nuestra Señora, en el Quinche

En esas tierras altas, morenas, sagradas.

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En la tarde de ese mismo domingo visitamos la tumba de don Leonidas Proaño, el obispo de los pobres, especialmente defensor de los pueblos indígenas. Él dijo “un indio vale más que una catedral”. Fue un momento muy significativo, porque nos encontramos con personas que conservan el legado de Proaño y sobre todo continúan generando organización y redes en torno a la causa de los pueblos indígenas. Una de las mujeres que ahí estaba nos habló en quichua y presentó la importancia que para ellos había tenido este pastor que les había ayudado a recuperar su dignidad y a levantarse. Que hoy los seguía inspirando en el cuidado de su tierra y en la vivencia del evangelio. Las semillas que don Leonidas había sembrado hoy eran árboles grandes que seguían dando fruto. Es la fe de un pueblo que se nutre de sus testigos, de los que luchan codo a codo. Una fe que se hace oración, liturgia, bendición y a la vez compromiso, justicia de pobres, vida compartida.

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Hubo dos visitas más que completaron esta experiencia. Una fue a la casa y museo de Oswaldo Guayasamín, que él bautizó como Capilla del Hombre y que nos muestra la obra de un artista increíble, que plasmó el alma del pueblo latinoamericano, sus luchas y sobre todo su dolor. Muchos conocemos esos cuadros que son tardíos en su vida que corresponden a la colección de la Edad de la ternura, donde él evoca la relación con la madre y con su madre. Pero también está la Edad de la Ira y muchos cuadros que dan cuenta de la violencia sufrida por tantos hombres y mujeres en nuestro continente y en el mundo. Fue un hombre extremadamente sensible y la pintura fue la manera de expresarlo. Fue un hombre lleno de vida que al construir la capilla del hombre quiso crear algo que fuera como un templo dedicado a la humanidad y más que nada a la construcción de la paz. Viendo el dolor que causa la deshumanización, el atropello, el abuso, las personas quisieran realmente entrar por un camino distinto.

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La segunda visita, que selló este paso por Quito, fue a la Iglesia de la Compañía, una verdadera joya del arte Quiteño. Representativa del barroco andino. De esas Iglesias en que se ocupan todos los espacios decorando con pan de oro y grandes cuadros. Pero todo ello con una grandísima armonía. Obra de artistas y artesanos, unos venidos de otros continentes y otros nacidos en esta tierra. Mezcla de la América morena y el cristianismo venido del otro lado del Atlántico. Mezcla de estilos y de capas culturales. En ese sentido, mestiza. Algo muy propio de nuestra tierra, que en estas obras de arte muestra sus hermosos frutos.

Concluyendo esta reseña y volviendo a los hermanos que nos juntamos hubo dos cosas más que sintetizaron nuestro encuentro. Una buena conversa sobre la misión y un buen partido de fútbol. Nos dimos un espacio de reflexión sobre el deseo de que hubiera una comunidad misionera latinoamericana, en algún lugar de este continente, con hermanos de diversas provincias, que fuera capaz de entrar en áreas donde nos cuesta más llegar, respondiendo a la interpelación del Papa Francisco de ir a la fronteras, a los márgenes, a las periferias de todo tipo. Fue un espacio en que habida cuenta de la realidad nos dimos permiso para soñar y entusiasmarnos y pensar caminos de futuro. Habrá que ver cómo es recibido y discernido esto por nuestras comunidades y hermanos. Y, por último, para despedir el encuentro, jugamos una hermosa pichanga (palabra probablemente mapuche que usamos en Chile para hablar de un partido de fútbol) que llamamos “Campeonato León Silva Marín” en honor a nuestro querido hermano colombiano fallecido el año pasado. León pertenecía a esta generación, habría estado en este encuentro y le gustaba el fútbol.

Todo fue un regalo y ahora a seguir viviendo, sirviendo, amando, que el evangelio se aprende así, a la siga de Cristo, caminando. ¡Gracias por todo Señor!

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Lo que este encuentro significó para cada uno:

Javier Cárdenas (Chile) Encuentro con Jesús resucitado en mis hermanos y en los pobres e indígenas.

Pedro Pablo Achondo (Chile)  Empaparme de nuestra América Latina bajo el nombre de Jesús y de nuestra espiritualidad.

Juan Cofré (Chile) Alimentarse de Dios y de los hermanos.

Pedro León (Chile) Un tiempo para un encuentro que abre nuevas posibilidades.

Matías Valenzuela (Chile) Un espacio para detenerse y compartir la vida, mirando con nueva profundidad el pozo que es nuestra familia religiosa, el pueblo latinoamericano y nuestro propio corazón, donde late el Espíritu del Señor.

Eric Hernout (Chile) Un regalo del Espíritu.

Jimmy Benavides (Ecuador) Ver dónde está mi orilla de río donde tengo que trabajar.

Juan Carlos Vélez (Ecuador) Ocasión de revitalizar el ser Sagrados Corazones en esta generación.

Luis Enrique León (Ecuador) Una oportunidad de revitalizar mi vida religiosa y la identidad como hermano Sagrados Corazones.

Luis Alberto Hernández (Colombia) Un renovar el espíritu en comunión congregacional.

Arnoldo Castañeda (Colombia) Una experiencia de conversión y de revitalización de mi ser religioso presbítero.

Iván Espínola (Paraguay) Para mí el encuentro fue un regalo de Dios como adelanto a los cinco años de ordenación sacerdotal.

Ángel Armoa (Paraguay) Fue un tiempo de buena compañía, reencuentro, de felicidad de haber compartido la fe, la esperanza, sueños e ideales con todos los hermanos.

Lucio Colque (Perú) Sentir la fraternidad entre los hermanos Sagrados Corazones en América Latina; Sentir la presencia de Dios en medio nuestro, que nos sigue impulsando en la construcción del Reino.

Pedro Vidarte (Perú) Para mí el encuentro fue descanso, alegría, reencuentro, oración, celebración, paz y fraternidad. Una sincera mirada a mi vida en el presente donde hoy Dios me sigue llamando como religioso presbítero de los Sagrados Corazones a buscar la piedad y la alegría como signos de mi deseo de vivir mi consagración, a cuidar con atención y cariño de mi propia vida para el servicio de la Iglesia y de la Congregación.

Rufino Valeriano (Perú) Fortalecer mi vida religiosa en contexto latinoamericano.

Joao  E. Mattos (Brasil) Un momento de reflexión y de fortalecer una decisión.

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Quito SSCC 2017

Grupo completo.jpgHemos comenzado un encuentro de formación permanente organizado por la Conferencia Interprovincial de América Latina (CIAL) que tendrá lugar entre el 16 y el 26 de mayo en Ecuador. Estamos reunidos en Quito en la Casa de Oración Cruz Pamba SSCC de Conocoto que pertenece a las hermanas de los SSCC. Somos en total 21 hermanos de ocho países, pero los que estamos viviendo el encuentro somos 17 de siete países. Coordinan el encuentro Guillermo Rosas (Chile), Hilvar Loyaga (Ecuador) y Arley Guarín (Colombia), y viene como acompañante espiritual Martín Königstein. Hemos sido convocados hermanos que tenemos entre cinco y quince años de votos perpetuos y la finalidad que se nos ha planteado es la de reflexionar juntos la vida y la misión a la que hemos sido llamados. Buscando generar miradas comunes así como profundizar nuestro sentido de pertenencia congregacional. Todo ello vivido como un tiempo espiritual, es decir, de encuentro con nosotros mismos y con el Señor.

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Estamos reflexionando diversos temas que atañen a nuestra vida. En primer lugar hablamos sobre la adhesión, es decir, el sentido de pertenencia, y cómo este se hace más difícil por una serie de fenómenos culturales como: la masificación, el individualismo, la agregación líquida, la crisis de las instituciones y la desconfianza. Lo más propio de la vida religiosa es justamente la agregación, la comunitariedad, lo cual se ha visto debilitado por los fenómenos culturales actuales. Cabe preguntarse en qué medida estos fenómenos nos afectan en nuestros vínculos y especialmente en nuestra pertenencia a la Congregación. La adhesión a la que estamos llamados es en primer lugar a la persona de Jesús y a su proyecto, el Reino de Dios. Esto lo vivimos en la familia de los SSCC encarnada en hermanos y hermanas concretos, que es parte de la Iglesia.

Todo esto, la expresamos en el voto religioso que es una promesa, un compromiso, que nos abre al futuro en un gesto de confianza y esperanza. Nos entregamos a un camino que no conocemos ni podemos controlar. En ese sentido la adhesión a la Congregación es una apuesta y pide madurez humana y osadía cristiana. Confiar en un camino que no me pertenece, por amor a Jesús y junto a mis hermanos.

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Luego, también hemos reflexionado sobre la tensión que significa ser a la vez religiosos y presbíteros. Son dos dones de Dios que están llamados a unirse en cada hermano sacerdote con armonía. Implica asumir que somos presbíteros y muchas veces el problema no está dado por el ministerio mismo sino que en las tendencias que tenemos nosotros mismos al auto centramiento y al poder. Reconocemos que hemos tenido una carencia en la formación, ya que no se nos formó para vivir el sacerdocio ordenado, sino que para la vida religiosa, para la comunidad, pero a la hora de entrar en la vida adulta todo está muy teñido por la acción pastoral que se vincula la ministerialidad y eso influye en nuestro ser religioso y en los distintos aspectos de nuestra vida.

El presbiterado se vincula con la acción pastoral de la Iglesia, con la misión. Mientras que la vida religiosa se vincula con nuestro ser y especialmente con el seguimiento de Jesús en comunidad. El problema se da por un cierto modo de vivir el ministerio que se tiñe de nuestro individualismo. El desafío es vivir el sacerdocio ordenado, que es un servicio, enraizado e inspirado desde nuestro ser religiosos sscc, es decir, de un cierto modo y con una finalidad específica que es la de anunciar el amor de Dios.

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Al finalizar la semana, ayudados por nuestro hermano Eduardo Pérez Cotapos, hemos profundizado en la historia de la Congregación a la luz de la elaboración de nuestras constituciones que han tenido siete versiones a lo largo de este recorrido. Es interesante ver los orígenes, los acentos y los cambios. Darnos cuenta que las cosas no han sido siempre iguales y eso nos permite abrirnos a la novedad del futuro. Una de las cosas hermosas de nuestras constituciones es que desde los orígenes están inspiradas en la regla de San Benito que comienza con las palabras “escucha hijo las palabras del maestro, abre el oído del corazón”, es decir, son una invitación a una actitud espiritual que es a la vez filial y de aprendizaje. Una actitud que busca abrir el corazón para dejarse moldear por Dios a través de la vivencia de la comunidad, los votos y la misión común.

Agradecemos la oportunidad que hemos tenido de estar juntos y de parar un momento. Probablemente deberíamos hacerlo más a menudo. La posibilidad de vernos, de conversar, intercambiar experiencias y puntos de vista. Reír, cantar, hacer deporte, comer y rezar, fortaleciendo nuestros vínculos y nuestra pertenencia a esta familia desde nuestra identidad latinoamericana. Ver rostros y escuchar el acento de hermanos de Perú, Colombia, Paraguay, Brasil, Ecuador y Chile, e incluso Francia, gracias a nuestro hermano Eric. Percibiendo que tenemos una historia común y a la vez podemos soñar juntos. Eso es un gran regalo y lo queremos cuidar.

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Tierra mojada

Este es un sitio para compartir experiencias y miradas de la realidad. Se llama tierra mojada, porque evoca el olor que exhala la tierra cuando se moja en la tarde y todo el calor del día se transforma en humedad. Recuerda que somos barro, es decir, esa tierra húmeda, llena del agua que da vida.

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matías valenzuela sscc