La crisis de la Iglesia católica en Chile

 

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El siguiente texto fue publicado por el Blog de los Sagrados Corazones “Con olor a oveja” el año 2015 y en atención a lo que vive nuestra iglesia chilena me hace sentido volver a compartirlo, especialmente hoy, en el día de la Fiesta de Pentecostés.

1. Descripción de la crisis. Hoy por hoy se habla de la crisis de la Iglesia, al menos de la Iglesia chilena, puede sonar un poco fatalista o exagerado, pero en algún sentido estamos en una situación que podemos considerar crítica, con lo que ello implica de desafío y oportunidad. Esto no sólo dice relación con hechos acontecidos al interior de la propia Iglesia sino también con el cambio de época que nos ha tocado vivir en el que todas las instituciones ven tambalear su poder y ven cuestionados sus paradigmas. Por otro lado, la sociedad del siglo XXI es mucho más crítica y ese cuestionamiento, que también podemos realizar nosotros desde adentro de la Iglesia, no nos hace heterodoxos ni cismáticos, sino que es expresión de una necesidad sentida por muchos, de que en la comunidad creyente y particularmente en la Iglesia católica, haya una opinión pública, es decir un espacio donde podamos discutir con libertad de espíritu, donde nos interpelemos y opinemos desde el evangelio.

Es difícil señalar un solo aspecto de la crisis por la que pasa hoy la Iglesia, porque seguramente depende desde dónde mire uno, desde qué lugar y desde qué experiencias. Por un lado, lo primero que surge como planteamiento es distinguir entre lo que ocurre en la Iglesia de base y la Jerarquía, porque en las pequeñas comunidades la gente sigue participando y construyendo vínculos, sigue siendo un lugar que da sentido y alegra el corazón. En cambio si uno mira hacia la jerarquía de la Iglesia en Chile surgen críticas y desalientos. Ahora bien, ese análisis también es simplificador, porque también a nivel de las comunidades hay fragilidades que se notan y que son nuevas y tienen que ver con el cambio cultural que vive el país. A esto se agrega un ambiente secularizado en que se plantean preguntas, tanto a la participación en instituciones religiosas como a la fe misma.

Son, por lo tanto, muchos los fenómenos asociados a la crisis que vivimos. Los casos de abusos que se hicieron públicos en los últimos años y en el mundo vinieron a mostrar la fragilidad de las personas y de una institución que se estaba haciendo vieja, sin querer cambiar. Se producen quistes donde las personas se aferran al poder y buscan por todos los medios mantenerse ahí. Por eso Benedicto renunció y por eso el papa Francisco se enfrenta a grandes dificultades. En Chile esto tuvo graves consecuencias, ya que entre los causantes de abuso había sacerdotes muy conocidos e influyentes, entre los cuales me parece que el más emblemático, por el impacto y el dolor que ha causado es Fernando Karadima. A eso se sumó que la actitud de la jerarquía eclesiástica, en mi opinión, fue negligente.

Cuando se levantaron voces de alerta el poder que detentaban los involucrados hicieron que las víctimas no fueran oídas y sólo los medios de comunicación con la presión de la opinión pública lograron que se encararan los hechos y se investigara y sancionara. Todo esto nos ha llevado a una crisis de credibilidad de la que sólo se puede salir reconociendo con honestidad y transparencia nuestras responsabilidades, aún a riesgo de tener que pagar indemnizaciones y perder prestigio. Los obispos han dado pasos en esta línea, pero no son suficientes y es un error afirmar que las víctimas le han hecho mal a la Iglesia cuando es al revés, porque han ayudado y están ayudando a purificarla, en el sentido de hacerla más transparente y verdadera.

Todo eso me hace pensar en el episcopado mismo, en lo amarrado que está a la hora de dar pasos hacia una mayor transparencia. Todo eso tiene que ver con una imagen de Iglesia, con un modelo que está en crisis. No da para más una Iglesia en la que no podamos cuestionarnos y corregirnos, donde las cosas se oculten y se escondan, donde sea más importante el prestigio que las personas, donde sean más importantes los que ejercen cargos de poder o de influencia que cualquier fiel, que todo bautizado y en definitiva, que cualquier persona. Se debe dar pasos hacia una democratización de las estructuras de la Iglesia, ese es un claro signo de los tiempos. Necesitamos espacios de conversación y de discusión abierta y horizontal, sólo así caminaremos juntos, necesitamos mucha mayor sinodalidad.

2. Causas de la crisis. Pienso que entre las causas de la crisis hay circunstancias que se unen. Por un lado, el cambio cultural en que destaco el acceso masivo a la información y a las comunicaciones y junto a ello un anhelo de la población de transparencia de las instituciones y de las personas que los representan. Con lo cual aquellas personas que siempre hemos considerados “líderes” y que en alguna época eran intocables hoy están acosados y son el principal objeto de todos los cuestionamientos. Hoy todo el mundo es más crítico y está más consciente de sus derechos. La inculturación del evangelio hace que nos afecten todos los cambios de la sociedad, que los vivamos como propios, para bien y para mal, por lo que es indispensable vivir de cara a la realidad y a partir de ahí responder con el evangelio de Jesús.

Otro aspecto cultural que me parece relevante en la crisis es el que se vincula a la juventud y a las personas en general, en que muchos buscan abrirse al mundo y a su diversidad. Esto es muy propio de la modernidad en Occidente. Donde cada uno quiere formar su criterio en diálogo con los otros, con los diferentes, y luego de ello, con una mirada más amplia, tomar posición, decidir, optar. Están muy lejos de querer cerrarse o de aceptar relatos únicos. Eso les lleva a tomar distancia de lo que les parece dogmático, rígido o añejo y en cambio validan la experiencia y el testimonio que perciben coherente y verdadero. Esto se nota particularmente en el ámbito de la moral donde los jóvenes, en nuestro país, se han alejado mucho de la visión que la Iglesia ha planteado tradicionalmente, ya que en algunos aspectos no les parece una aproximación a la vida de las personas basada en el amor. Por ejemplo, a los jóvenes no les hace sentido el rechazo al desarrollo afectivo de las personas de diferente condición sexual.

En esta crisis de pertenencia – a todas las instituciones – uno de los puntos que me parece clave es la cultura del consumo, del descarte como la ha llamado el Papa, y que es fruto de la cosmovisión neo-liberal donde cada uno se percibe aislado y solo, luchando por su sustento o por sus intereses, desconfiando de todos los demás, ya que en cualquier momento pueden pisotearme. Olvidando que la vida se construye en relación. Toda la desconfianza que hay, fruto de hechos concretos de abuso, se ve incrementada por la exacerbación del individualismo, al cual debemos resistir con todas nuestras fuerzas, porque sólo abriéndonos los unos a los otros en una mutua interdependencia seremos capaces de dejaremos alcanzar por el Tú de Dios.

Por otro lado, en la misma Iglesia conviven dos modos de ser, uno que es clerical y autoritario e incluso alejado de la realidad de la gente. Donde además está incubado el peligro de no ponerse al servicio de las personas sino de servirse de ellas. Y, a la vez, un modo de ser Iglesia más fraternal e inculturado, donde se refuerza la igualdad fundamental de todos los bautizados y se explicita que el sacerdocio ministerial existe y adquiere su sentido al servicio del sacerdocio común de todos los cristianos. Este último es un modelo de Iglesia que se abre más al diálogo con los no creyentes y con la sociedad civil en general y busca espacios de encuentro con la diferencia. Esta contraposición de dos maneras de ser iglesia se vio agravada con la sociedad sacerdotal del Bosque, por el tipo de formación que se brindó ahí y por la influencia que tuvo y tiene en la Iglesia de Santiago y de Chile, perdiéndose de vista lo central, que es el evangelio y Jesús mismo.

Por último, me parece que entre las causas de la crisis actual que vivimos como Iglesia en Chile está el descrédito de nuestros pastores (como ocurre con la clase política y con el empresariado), quizás sea injusto hacer de ellos un juicio global y apresurado. Pero el hecho es que percibo la falta de liderazgos que sean aglutinadores y orientadores, en torno a los cuales podamos sentirnos unidos y caminando. Es una sensación de falta de liderazgo que sea inspirador. En esto ha ayudado el papa Francisco, él con su figura ha venido a subsanar las ausencias locales, pero no basta, se necesita un episcopado que aglutine desde la humildad y con los pies en el barro.

3. Propuestas de acción. Debemos comunicarnos y conversar y discutir mucho más. Y no podemos hacerlo de espaldas a los pastores sino que ayudándolos a cumplir su rol, porque sólo así podemos caminar juntos en una misma dirección. Es necesario crecer en la capacidad de escucharnos desde nuestras diferencias, con respeto y valentía, buscando juntos la voluntad de Dios, esto implica espacios más abiertos y plurales. Para ello debemos ejercitarnos y aprender a generar una opinión pública en la Iglesia. Debemos poner los ojos fijos en Jesús para buscar en sus actitudes y opciones aquellas pistas que nos muestren cómo enfrentar el momento presente de la vida de la Iglesia y del mundo, animados por su mismo Espíritu, con toda su fuerza inspiradora e interpeladora.

Necesitamos escuchar mucho más las necesidades y los anhelos, las preocupaciones y los planteamientos de las personas. Necesitamos estar mucho más atentos a la realidad y desde ahí escribir, predicar, rezar e invitar a contemplar el paso de Dios y hacia dónde y desde dónde nos está llamando. Para ello necesitamos estar mucho más cerca de los pobres.

Necesitamos incrementar en el modo de hacer las cosas en la Iglesia un estilo fraternal y horizontal y hospitalario, tanto en el ejercicio de la autoridad como en el caminar diario, en todas las acciones de la Iglesia necesitamos transparentar el amor de Dios manifestado en Jesús, sólo así seremos una luz en el devenir y para la gente valdrá la pena acercarse y dejarse tocar por la palabra que les llevamos.

Todos necesitamos hacer un examen de conciencia para ver de qué manera estamos contribuyendo a la crisis de la Iglesia y también de qué modo podemos ayudar a superarla. Entre lo concreto, pienso que podríamos pedir que se convoque a un sínodo a nivel nacional o al menos en la Iglesia de Santiago. Y comunicar lo que pensamos, a nuestro pastores, incluido el Papa, con la mirada que tengamos, y ofreciéndonos a acompañar el momento presente desde el diálogo y la crítica constructiva, desde el cariño y la interpelación mutua. También debemos fomentar la formación comunidades donde la vida sea leída desde la mirada de Jesús y así caminando juntos seamos capaces de recorrer los caminos de Chile y de la Iglesia, hoy.

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A propósito de la discusión sobre el aborto en Argentina

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“Según la Organización Mundial de la Salud todos los años mueren 56 millones de niños por nacer, casi una Argentina y media, un holocausto silencioso. Para mí que el lugar más inseguro y más peligroso para estar en este mundo sea el útero de nuestra madre es signo de la desorientación que padecemos, es tocar fondo […] que una madre elija, elija, terminar con la vida de su propio hijo, no sólo es un error, sino que es el mayor signo de la oscuridad espiritual de nuestro tiempo” (Cristina Miguens)

Me tocó intervenir junto a otras personas en un panel sobre el proyecto de ley que se discute en el Congreso Nacional de Argentina sobre la posible despenalización y legalización del aborto. En dicho panel se nos plantó como pregunta ¿qué nos pasaba con el proyecto de ley en cuestión y en particular con el tema del aborto? Eso me llevó a escribir las siguientes líneas que son breves, pero expresan de algún modo mi sentir sobre este tema.

En primer lugar, me apena que con tanta fuerza se relativice el valor de la vida del que está por nacer y que la posibilidad de disponer de esa vida sea enarbolada como una bandera de lucha de aquellos que reivindican los derechos la mujer. Incluso en algunos casos de manera violenta y agresiva, tratando a los demás de ignorantes.

Comparto la necesidad de un cambio cultural que implica la superación del machismo y de la cultura patriarcal hacia nuevas síntesis de igualdad, respeto, colaboración y corresponsabilidad, así como valoración mutua. Valoro además las búsquedas de justicia y equidad que los movimientos feministas promueven y defienden, sobre todo cuando esa desigualdad entre hombres y mujeres se ve agravada por la situación de pobreza y vulnerabilidad social. Además pienso que las mujeres están enseñando algo a todo el mundo, incluida la Iglesia Católica, porque nos están haciendo abrir los ojos y ayudando/exigiendo que veamos cosas que parecían normales e incluso buenas y no lo son y que han ocurrido por varios miles de años.

Madre e hijo

Respecto a la posibilidad de legalización del aborto, que implica su despenalización y el reconocimiento de un derecho a tener un aborto seguro, no estoy de acuerdo, porque el que está por nacer es un ser humano en formación y pienso que ese es un límite a la autonomía de la voluntad. No se trata de un órgano del cuerpo de la mujer. Entiendo que se despenalice como ya ocurre en Argentina en caso de grave riesgo para la vida de la madre, porque nadie está obligado al “martirio” y es una situación en que la persona debe poder optar. Incluso en los otros dos casos de interrupción del embarazo – violacion e inviabilidad del feto – tengo dudas, pero comprendo las razones.

Pienso que la lucha por la aprobación del aborto legal no mejora nuestras sociedades. Sino que aumenta su individualismo y la desprotección de los más débiles. En países donde el aborto es legal y se autoproclaman desarrollados, el diagnóstico prenatal del Síndrome de Down prácticamente obliga a las familias a abortar, porque de lo contrario no los cubren los planes de salud o son más costosos. Finalmente todo se reduce a términos económicos, fríos y egoístas.

Creo que el cuidado de la vida y también el respeto y la valoración de la mujer van por otro lado y son algo fundamental. En todos los casos y muy especialmente en el caso de personas que viven en condiciones de pobreza y de vulnerabilidad y ahí los estados y las organizaciones, así como las personas y las familias deberíamos acompañar de manera respetuosa y comprometida, de modo que se favorezca y posibilite el crecimiento de la vida. Debemos cuidar las dos vidas.

Por otro lado, es un hecho que las peores atrocidades se han cometido argumentando que unos son personas y otros no, así ocurrió en la colonización de América, en la Alemania Nazi y en todas las esclavitudes del mundo. Por ello, el único camino verdaderamente respetuoso de la vida es el de la fraternidad universal en unidad de creación, donde se cautela toda vida en todas sus etapas del desarrollo. Donde todos nos reconocemos hermanos y corresponsables unos de otros.

Por último, me parece que en todo esto hay un tema muy poco abordado y es el del rol que juegan los varones. Pareciera que los hombres somos espectadores de una lucha que empujan las mujeres, porque se trata de su cuerpo y de la maternidad que les atañe de un modo principal, aunque no exclusivo ni único. Tengo la impresión de que en este cambio cultural los verdaderos niños somos los varones, ya que no hemos logrado aún subirnos de verdad al carro del crecimiento de la consciencia y de la comunicación de todo lo que somos, pensamos y sentimos, en igualdad con la mujer. Seguimos usufructuando del modelo machista, no desarrollamos la capacidad de comunicación y pretendemos seguir dominando por la fuerza. Y peor aún, no nos hacemos cargo de la responsabilidad de ser padres, esto tiene muchas y honrosas excepciones, pero hay casos en los que por nuestra falta de compromiso alentamos la interrupción del embarazo. En este proceso de desarrollo humano y de cuidado de la vida es indispensable que avancemos juntos hombres y mujeres. Aportando cada uno con su capacidad de amar y de dar vida.

“Hoy los argentinos y en especial las mujeres tenemos el desafío de buscar soluciones superadoras que contemplen ambas vidas desde una ética del respeto y por qué no también desde el amor y la solidaridad de toda la comunidad, esto no es sólo un tema de gobierno y proponer un nuevo paradigma espiritual que pueda integrar el poder con la sabiduría y la razón y el alma. Proteger la vida desde la concepción puede ser el símbolo de una nueva consciencia. Y como pocas veces me va a tocar estar delante de tantos legisladores les voy a decir que yo también tengo un sueño. Yo sueño que la Argentina puede alumbrar entre tanta oscuridad y anunciarle al mundo una era de paz y de no violencia, porque como dijo Leopoldo Marechal: de todo laberinto se sale por arriba” (Cristina Miguens, feminista dedicada al cuidado materno infantil por más de treinta años, https://www.youtube.com/watch?v=GNkozoVsK9A ).

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La fuerza se realiza en la debilidad

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Los discípulos de Jesús después del encuentro con el Resucitado

Han pasado ya tres años desde la muerte y resurrección de Jesús. Todos vivimos el dolor y a la vez todos vivimos un gran gozo que nos ha renovado y nos ha dado fuerzas nuevas para la lucha y para la misión. Hoy quiero recordar a cuatro amigos que he visto poco, porque cada uno a su modo ha seguido el camino del maestro por distintos senderos. Pero los llevo en el corazón y quiero compartir con ustedes lo que les sucedió después del acontecimiento que nos cambió la vida a todos.

Judas, nuestro hermano, no soportó el dolor, no quiso creer en el misterio del perdón. Hoy los que creemos y esperamos en el amor de Dios confiamos que también a él, la misericordia, que es infinita y eterna, lo abrazó. Seguimos orando por su descanso con la convicción de que la fe de la Iglesia se puede ofrecer para reparar todo lo que oscurece nuestras vidas. Acompañamos aquí unos versos de un testigo del resucitado que escribió pensando en Judas y en todos los que de alguna manera nos damos cuenta que hemos traicionado al Señor:

“Frustrado apóstol turbio del deseo

Lo que sabemos hoy, tú no sabías;

Lo que esperabas tú del Galileo,

Lo exigimos de Dios todos los días.

 

No fue mayor que el nuestro tu pecado,

Traficantes también de sangre humana…

Beso en Su rostro, al fin, aunque mal dado,

¿No te alumbró aquel beso la mañana?

 

Amor y suicidio en un madero,

Muertes de un mismo Viernes de Pasión,

Su grito recogió tu desespero,

 

Tu soga fue también tu confesión,

Judas, hermano Judas, compañero

De miedos, de codicias, de traición”.                       (Pedro Casaldáliga)

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Pedro, es otra persona, es cierto que sigue siendo un hombre apasionado y de fondo muy alegre, pero todo lo vivido le hizo ganar en sabiduría, porque sufrió mucho al reconocer su gran debilidad, le costó mucho hacerlo. Y, a la vez, quedó inmensamente conmovido al reconocer el amor de Jesús, su mirada, su perdón, que lo rehabilitó y le volvió a confiar la conducción y el cuidado de su comunidad. Eso le cambió la vida y la mirada de los demás, lo hizo tierno y a la vez muy fuerte. Perdió todo temor. Ahora se atreve a pararse ante todas las autoridades del mundo y anunciar a Jesús de Nazaret, como aquél que fue crucificado y a quien Dios resucitó. La mirada de Jesús se quedó para siempre grabada en su corazón y si uno lo mira con detención reconocerá que en el fondo está grabada la silueta de su maestro. Eso lo ha hecho mucho más capaz de comprender a los demás y de ofrecer él mismo el perdón.

Juan. Él era joven cuando ocurrió todo y aún lo es, pero rápidamente pasó a ser un hombre profundo y sabio. La experiencia del dolor, de ver morir a su Señor, con tal nivel de impotencia le hizo ensanchar el corazón. En lugar de escapar o de renegar de Dios se quedó ahí y transformó todo ello en oportunidad para el amor. Se dio cuenta que incluso en el momento de la máxima prueba la confianza en Dios le permitía abandonarse, es decir, confiar, y volver a caminar. Eso le permitió tener la lucidez para comprender los signos que hablaban de la victoria de Jesús sobre la muerte. Le permitió mirar los paños en la tumba, ver y creer. Más tarde le permitió reconocerlo al final de una noche larga y gritar con todas sus fuerzas << ¡Es el Señor!>> y finalmente lo ha llevado a formar una comunidad de discípulos en la isla de Padmos y declarar ahí que Dios es Amor. Es un camino maravilloso el que Juan ha hecho desde su cercanía a Jesús, pasando por un intenso dolor hasta hacerse uno de los más hondos testigos de la misericordia de Dios.

María, ¿qué puedo decir de ella? Se ha transformado en una mujer muy luminosa, siempre fue sencilla y bella, pero ahora además está resplandeciente y en los espacios donde está la gente siente alegría y paz. Es generadora de humanidad. En torno a ella muchos se reúnen para que cuente una y otra vez qué ocurrió con Jesús, cómo fue su infancia y qué lo animaba desde adentro. Ella conserva una memoria materna que le ha permitido reflexionar y compartir muchas cosas que en su momento no entendió bien, pero que a la luz de la Pascua han cobrado sentido y fuerza. Además ha acogido a muchos que a su lado se sienten hijos e hijas y pueden elevar su oración a Dios Padre de Misericordia, todos dicen que su oración es escuchada inmediatamente y todos quieren recibir de ella un beso, una abrazo, una mirada. Ella también pasó por una gran noche, una espada atravesó su corazón, pero en ella todo fue amor y confianza que se fortaleció y creció cuando descubrió que su hijo estaba vivo y que todas las promesas se habían cumplido.

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Hoy

El relato que acabamos de presentar corresponde a un manuscrito descubierto entre las piedras del desierto donde se fundaron pequeñas comunidades que buscaban renovar la vida cristiana, conectándose con las fuentes del evangelio. La pregunta que está de fondo es ¿qué le ocurrió a los discípulos con la resurrección de Jesucristo? Y más aún ¿qué les ocurrió al encontrarse con el resucitado? Esa pregunta es actual y sigue vigente para los cristianos de todos los tiempos. Uno además podría plantearla en otros términos: ¿hoy las personas viven un encuentro con el resucitado? Y si es así ¿en qué se manifiesta? y ¿qué testimonios tenemos de ello? La principal manifestación es una fuerza que brota en la debilidad, es como una luz que se enciende en la noche y de algún modo ilumina toda la casa. Es la vida que en medio de muchos embates y combates se despliega, germina y se levanta, de las cenizas como el ave fénix, y como la mariposa de su capullo, donde deja atrás y a la vez lleva adentro su existencia de larva y de oruga.

Muchos testimonios tenemos de ello. Como el de Valeria una mujer, inmigrante, boliviana, muy sencilla, que perdió un hijo a causa de un suicidio y que carga con ese enorme dolor, junto a toda su familia, y que el día en que se habría cumplido el cumpleaños de su hijo nos invitó a un grupo de amigos y pudimos orar juntos, encender una vela e incluso cantar el cumpleaños feliz a su hijo, exorcizando el vacío que se cernía en su pecho. La muerte en ella se ha transformado en oportunidad de acoger la vida compartida, se ha transformado en oportunidad de recibir compañía, consuelo y presencia de Dios en su hogar.  Ella cocinó un plato de comida típica boliviana, muy sabroso y nosotros agradecimos infinitamente la oportunidad que se nos regalaba de compartir ese omento con ella. Yo sentí que ahí en ese lugar de nuestro barrio con callecitas de tierra y cuyas casas han sido construidas por los vecinos, poco a poco, todo resucitaba, incluso nuestro ser hermanos latinoamericanos, de todas las razas.

A la vez, está el testimonio de Víctor, un joven de nuestras barriadas bonaerenses que estuvo en situación de consumo por varios años y luego privado de libertad en un centro penitenciario y ahí escuchó desde adentro de su corazón la Palabra de Dios y sintió que su vida daba un vuelco y le ofrecía una nueva oportunidad. Hoy se está formando para ser acompañante terapéutico de otros jóvenes y participa en un centro barrial que acoge a jóvenes y les ofrece un espacio de encuentro, de acogida y de participación. Su vida ha dado un vuelco tan impresionante que hoy está estudiando filosofía y empeñado en escribir su biografía. Su nombre nos habla de una victoria en la que el encuentro con la vida que lleva en su corazón, la gracia de Dios, el espíritu del Resucitado, que nos abraza a todos y nos invita a soñar en grande, ha sido fundamental y fundante de esta vida nueva que el comienza a caminar.

Incluso lo que está sucediendo en la Iglesia chilena luego de la visita del Papa y la misión del Cardenal Scicluna es fuente de gran esperanza y nos muestra que la transformación de la comunidades y de las instituciones, que de hecho están formadas por personas, también es posible. Hay un cambio de mirada que está permitiendo ponerse en el lugar de las víctimas, en el lugar de los postergados de la historia, pidiendo perdón y reconociendo con vergüenza los abusos. Francisco es un reparador de brechas, porque es capaz de escuchar y de reconocer su equivocación, de ponerse en lugar del otro creando puentes de comunicación, y sobre todo porque es capaz de permanecer en la brecha, es decir, permanecer en el lugar del dolor, acompañando el dolor de sus hermanos, a pesar de todo y contra viento y marea, porque sabe que ahí es sostenido por la fuerza del resucitado que eligió para sí, ese lugar, en la Cruz.

Son tantos y tan hermosos los testimonios que nadie podría negarse a creer que hay algo que es capaz de metamorfosear la realidad, de transformarla desde adentro hacia un horizonte que llena de esperanza. Es necesario estar atentos y dejarse conducir por las luces puestas en el camino, especialmente en el rostro de aquellos en que brilla el amor, sobre todo en medio de la mayor debilidad.

 

Las primeras imágenes corresponden al mural de la Capilla Cristo Resucitado de la Parroquia San Pedro y San Pablo (Santiago de Chile) cuyo autor es Guillermo Rosas sscc. Las últimas fueron tomadas en el Retiro Brochereano animado por el padre Carlos Otero en la Diócesis de Merlo Moreno que nos invitó a retornar a la tierra que somos, tierra que anda, latinoamericana, visitada por María y llamada a ser tierra de hermanos, que cuida de la vida.

Recordando a Enrique en el día internacional de la mujer

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El día dos de marzo despedimos a nuestro querido hermano Enrique Moreno Laval sscc que por casi cincuenta años perteneció a la Congregación y se entregó como sacerdote en diversas partes del mundo, destacándose Concepción, Santiago, Filipinas y en el último año Diego de Almagro en la región de Atacama. Enrique era de eso hermanos entrañables, disponibles, listos para partir y con deseo de ser siempre más fieles al seguimiento de Jesús. Una de las cosas que a mí me impresionaba de él era su capacidad de entregar su tiempo a los demás. Si te esperaba para conversar podía reservar una tarde completa para escucharte, tomar once, caminar y así realmente acoger la vida de aquél que había solicitado su acompañamiento.

En los años que lo conocí hubo dos rasgos más que me impresionaron, uno fue su fidelidad a la oración, podía estar una hora completa en la capilla desde el inicio del día, en silencio, en diálogo con Jesús. Estoy seguro que esa constancia fue haciendo que su corazón se hiciera cada vez más transparente y permeable al querer de Dios. Los hermanos con los que vivió en el norte el año pasado dan testimonio de una convivencia sin fisuras, sin tensiones, sino que una fraternidad llana, alegre, colmada por la alegría de estar en medio de los pobres y pequeños, caminando en el desierto junto a los más alejados de nuestro país.

A lo anterior, agregó esa capacidad para retratar rostros y situaciones humanas, a través del Arraw Arraw escrito por varios años desde Filipinas y luego desde nuestro querido norte chileno. Ahí con su finura de pastor y periodista era posible conocer historias de personas que desde su sencillez reflejaban una enorme humanidad y nos hacían emocionar y percibir el aliento de Dios. Su mirada como la de nuestro querido Esteban estaba fija en Jesús y por él y con él en los más pequeños de nuestro mundo.

Este dos de marzo, en el funeral de Enrique, conocí a la hija de Sebastián Acevedo, María Candelaria Acevedo, quien contó el modo como habían sido acompañados por nuestro hermano el día que su padre se inmoló para denunciar la detención ilegal de sus hijos en el contexto de la represión de la dictadura militar. Sebastián Acevedo murió por este grito de dolor al no soportar la injusticia ante el secuestro de sus hijos y dio lugar al movimiento que llevara su nombre y diera lugar a un modo de denuncia pacífica contra la tortura, que siempre me ha conmovido. Al escuchar a María Candelaria me emocioné hasta las lágrimas, pensando en Enrique, en su padre y en ella. Recordándola a ella quiero, este día 8 de marzo, hacer un homenaje a las mujeres de nuestro país y del mundo, especialmente a todas aquellas que han luchado y luchan por una patria más justa, muchas de las cuales han sido atropelladas en sus derechos y en su dignidad, incluso dentro de la Iglesia. Nos falta mucho como sociedad para brindar un trato verdaderamente respetuoso e igualitario, que reconozca todo el valor de la mujer y su derecho a actuar, aportando desde su libertad y originalidad, sin sometimiento, ni discriminación. La belleza está labrada en rostro de mujer, la sabiduría también. Dejemos que entre a raudales la danza, la música, la conversación, la interpelación, que nos viene desde lo femenino y que así la vida sea fecundada plenamente, como lo ha soñado Dios.

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Poemas en el camino (I)

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Caminantes

Caminar es el destino

De los que buscan libertad

Impulsados desde adentro

Renuevan vida y amistad

 

Ahí te acojo y me encuentro

En el silencio y la palabra

En los pasos y las miradas

Que iluminan el alma

 

Respiro, canto y descanso

Me canso y duermo a porfía

Abro los ojos y sueño

 

La fiesta del nuevo día

Escucho atento y elijo

Dar otro paso en compañía.

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Caminando en silencio

Caminamos escuchando muy adentro

De dos en dos, de uno en uno,

Respiro, ordeno la respiración,

Estoy atento a mí alrededor

 

Los autos pasan

Algunos saludan

Pero mantenemos el silencio

Ahondamos la comunión

 

En el silencio,

Algo nos une

Muy adentro

Eterno, imperceptible, maestro

 

Cada uno en el silencio se abre

A las voces que lleva adentro

 

Preguntas, respuestas, canciones,

Emociones, recuerdos, sentimientos

Cada uno se asoma al universo

Que bulle sin freno

 

Uno se enoja y rabea

Otro se alegra y corcovea

Alguno agradece

Otro se entristece

 

Algo nos une

 

La paz me invade

 

Caminando en silencio

Vuelvo a encontrar el centro

 

Algunas veces solo y muchas en compañía

 

Hundo mis raíces

En los ríos de la vida…

Como un árbol

Que se nutre,

Camina

Y bendice

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Córdoba

 Córdoba docta y bella

Labrada en piedras rojizas

Con manos de artesanos

De nuestra américa mestiza

 

La fe levantó catedrales

Donde santos como Brochero

Con la fuerza de los gauchos

Vivieron un cristianismo sincero

 

Es una tierra bendecida

Con montañas de dos sierras

Con piedras, árboles y ríos

Habitadas antes de Colón y sus carabelas.

 

Los que mejor cuentan su historia

Son los que llevan generaciones

Luchando por construir un mundo

Para compartir sin divisiones.

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Mateando en las serranías

El mate es buena compañía

Nos congrega, nos reúne,

En la mañana, en la tarde, en la noche.

Todos los días

Corre de mano en mano,

De boca en boca

Mientras la palabra circula

Y se tejen los caminos del alma

Recordando vivencias y

Soñando nuevos comienzos

Preguntando por los tuyos,

Los míos y los nuestros.

Contemplando la naturaleza

Respirando los buenos aires

Mientras las aguas corren

Desde las sierras

Como los conejos y las sirenas

Saltando, bailando, cantando,

Llenando pozas, creando estanques,

Nutriendo árboles y animales.

 

El mate es americano,

nos recuerda al gaucho

así como al campesino del sur,

amigo y hermano

Es un sacramento de

amaneceres y atardeceres

de encuentros y descansos.

 

Hoy me senté a matear con una chica

Cuyo bisabuelo era cacique de los comechingones

Que vivían en estas tierras

Mucho antes de que los hijos de Enea y Virgilio

Soñaran con caminarlas… pero en ella

Hay muchas sangres, hay sangre

Criolla e incluso polaca,

Como buen indo, afro, latino americano

Que reconoce todas las sangres

Y que lleva en su pecho herido

La tierra que muchos conquistaron

Hiriendo con el látigo

A quienes les daban de comer en sus manos

Tierra de nuestros padres,

Llena de la fuerza de los volcanes

Que en sus ríos sigue cantando

Lo que amamos entrañables.

 

Me gusta poetizar cada día

En esta tierra,

aunque  nadie nunca lo lea,

esforzarme por sacarle el sumo a la piedra

que encuentro en los caminos

Me gusta poetizar

Cosechando el fruto de la tierra,

Que amo y es madre nuestra,

Quisiera poder hacerlo cada tarde,

Con la destreza de los bardos

Que cantaron las proezas, de nuestros pueblos

Haciendo memoria, llorando y alabando

La gracia que no brilla de balde…

 

Me gusta poetizar

en el camino y también refugiado

en el silencio de mi catre.

Hoy aprendí que en estos lugares

las personas que atienden les dicen a sus clientes que

si están apurados

mejor vuelvan más tarde…

 

Me acompaña el silencio

y una brisa suave

que acaricia las hojas

mi piel y las aves.

Amarillea la tarde y cada cosa busca su sitio.

Las aguas están quietas

sorbo el mate,

en esta sierra.

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Carta de una sobreviviente Rompiendo las barreras del silencio

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El sufrimiento humano es incontable, pero hay sufrimientos que pasan desapercibidos, porque son ocultados o porque la sociedad permanentemente elige no hacerse cargo. Eso agudiza el dolor de las víctimas, de algún modo las re-victimiza.  Por ello el rol de la memoria es fundamental y es sanador, así como lo es el rol de la palabra, aunque sea una palabra rota, herida, balbuceante y llena de temor, pero necesaria, como un grito que clama ser escuchado porque sólo así el ser humano que lo profiere logra salir de la soledad que la encierra y mata.

Es necesario entrar en caminos de sanación y de reparación de las víctimas, lo cual implica una acción realizada desde el espacio público, las comunidades y las familias. Las iglesias incluida la Iglesia Católica también deben entrar en ese camino, con decisión, en todos los ámbitos donde hay abuso, del tipo que sea. Sólo así podremos caminar hacia una más profunda humanización, a la que estamos llamados desde siempre por Aquel que nos invitó a la vida.

En este blog, que busca asomarse a la experiencia de Dios desde la tierra que somos, incluso desde las más profundas injusticias y dolores, vamos a publicar una carta que ha sido enviada por una persona que ha vivido el horror del abuso en el espacio íntimo del hogar y que necesita, aunque sea aún de forma anónima, comenzar a romper el silencio, para empezar a sanar.

Cierro esta introducción con una cita de la obra de mi hermano de Congregación Pedro Pablo Achondo sscc sobre el tema del sufrimiento, titulada Desde el abismo clamo a ti, en la cual profundiza sobre el sufrimiento y su absurdo, así como en los caminos necesarios para repararlo, entre los cuales están la alteridad, el vínculo y la la memoria:

“El poder mesiánico de la memoria es incontestable. Es hacer memoria del proyecto fracasado de las víctimas y la justicia que aún esperan. Metz llega a afirmar que la memoria puede salvar al hombre. Se trata de una memoria que es sentido, búsqueda y esperanza de Salvación, sed de paz, justicia y reconciliación. Las víctimas sufrientes que son olvidadas se quedan en un espacio vacío donde nadie las llora, nadie reza por ellas, nadie las celebra. Recordar consiste en colocar en  su lugar justo a aquellos que ya no forman parte del mundo, aquellos que, de hecho, el mundo ha expulsado, ha desechado. El hacer memoria nos remite a la Eucaristía, pues en todas ellas hacemos memoria de la Pascua del Señor; es decir, revivimos el acto de Jesús y todo lo que aquel acto puede significar. “Hacer memoria de las víctimas” es, entonces, un gesto político y espiritual, en el sentido en que lo hacemos de una vez por todas. La memoria, en la línea de Metz, es del orden de lo práctico, ella busca producir frutos en el espacio político y eclesial” (Pedro Pablo Achondo M., Desde el abismo clamo a ti, San Pablo 2017, 53).

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Rompiendo las barreras del silencio

Carta de una sobreviviente

 “Vamos, decime, contame, todo lo que a vos te está pasando ahora, porque sino cuando está el alma sola llora. Hay que sacarlo todo afuera, como la primavera, nadie quiere que adentro algo se muera. Hablar mirándose a los ojos, sacar lo que se puede afuera, para que adentro nazcan cosas nuevas” (Mercedes Sosa)

Escribo estas líneas intentando hacer palabra mi historia. Lo hago como punto de inflexión en mi proceso personal de sanación, tratando de vivir con valentía y fuerza. A días de la visita de nuestro hermano, el Papa Francisco, y en medio de la crisis profunda de nuestra Iglesia, me atrevo a expresar mi voz. Voz que fue acallada por muchos años. Voz que clama por salir y derribar los muros construidos a mi alrededor.

Después de un profundo discernimiento y de escuchar a mi corazón, entendido como aquel lugar en que habita Dios, doy este paso. Y espero que sirva no sólo a mi propio camino, sino al de todos quienes han sufrido y siguen sufriendo.

Les pido que puedan acoger esta carta y examinarla con los ojos del alma…

* Ser una sobreviviente de Abuso SexuaI Infantil (ASI) es una experiencia que se incrusta hasta lo más profundo del ser. Y cuando el daño te lo causa alguien de tu familia, como me sucedió, la vida entera se trastoca y se ve afectada.

Hay días en que todo se vuelve oscuro y la esperanza se hace escurridiza, en que los recuerdos producen un sufrimiento desgarrador y que parece no acabar. Hay días en que es difícil encontrar la fuerza para seguir viviendo. La reparación de la propia historia e imagen es una ardua tarea. Ha sido muy doloroso y lo seguirá siendo. Las huellas de tan aberrante vivencia no desaparecerán, por más que quiero. Siempre llevaré esta marca conmigo. Tomar conciencia de lo que padecí es algo que aún me sigue destrozando por dentro.

Ya no puedo seguir viviendo en este espiral de culpa, rabia y odio; donde tantos episodios siguen llenando cada espacio vital. No quiero que mi abusador siga presente en todo lo que hago y soy. No quiero que siga ganando.

Hay demasiados niños, niñas y adolescentes que han debido pasar por el calvario y el sinsentido de la violencia sexual. Muchos que fuimos obligados a callar. A los que nos convencieron que era nuestra culpa, que nadie nos creería. A los que nos convencieron que merecíamos lo que nos pasaba.

¡Necesito reparación! Mi alma está dispuesta a emprender el arduo sendero de “romper el silencio”, así como otras personas valientes lo han hecho. Aun no soy capaz para enfrentar mi verdad al 100%, así que escribo estas líneas desde el anonimato. Pero no por cobardía o temor, sino por una lucidez que me indica que debo ir poco a poco. Este paso se convertirá en el más grande que he dado. Ustedes serán testigos de ello: ¡de transitar de la oscuridad de la opresión a la esperanza de romper, algún día, las cadenas que me atan a una vida llena de abuso, violencia y desamparo!

Deseo que comprendan que más que mi nombre, lo que importa es lo profundo y verdadero de mi historia que, lamentablemente, es la historia de muchos. Es una terrible realidad y debemos tomar conciencia de ella.

Las preguntas se agolpan en mi interior. ¿Por qué? ¿Por qué quien debía cuidarme y entregarme amor, fue capaz de dañarme así? ¿Dónde estabas, Dios mío? ¿Por qué tuve que sufrir una experiencia tan horrible y destructiva? ¿Por qué?

No hay respuesta humana a esas interrogantes. Frente a las atrocidades que padecí desde mi infancia, el sentimiento de desamparo es muy fuerte. Me he sentido profundamente abandonada. Una y otra vez he chocado contra el mismo muro. Los abusadores se encargan de convencer a sus víctimas de que son culpables de lo que vivieron. En mi caso, por años he vivido convencida de esa “verdad”. Espero que algún día pueda borrar el peso terrible de una culpa que no me pertenece.

El daño que padecí y cuyas consecuencias se arrastran hasta el día de hoy, hace que dude de todo: de mi fe y mi relación con Dios ¿Dónde estuviste, Señor? ¿Escuchaste mi grito de angustia? ¿Enjugaste las lágrimas de las incontables noches en que él me ultrajó? Dudo de mi propia bondad. Dudo de los demás ¿Me dañarán? ¿Me creerán?

* Y mientras me esfuerzo por sanar mi propia historia, pongo mi mirada en nuestra Iglesia…

Quizás se pregunten que tiene que ver esto con mi vida. Pues, mucho. Desde mi propia experiencia y en este paso de comenzar a correr el velo del silencio impuesto por mi abusador, se entrelaza sí o sí mi vivencia de fe y comunidad.

Para una persona que ha sufrido abuso sexual es doblemente doloroso el momento que nos encontramos viviendo. Y si veo algo que según mi conciencia no está acorde al Evangelio del Amor, soy parte de aquellos que no quieren permanecer impávidos y que desean construir una Iglesia más fraterna… “Una Iglesia pobre y para los pobres”, en palabras del Papa Francisco.

Sería muy ciega al no admitir que vivimos una crisis. Y no sólo a nivel institucional. Además, y más gravemente, a nivel de credibilidad. Los diversos casos de ASI por parte de sacerdotes y consagrados, han socavado profundamente a la Iglesia en el mundo y en nuestra Patria. Quienes debían proteger, acoger y respetar han hecho todo lo contrario. Han tomado la fe de muchas personas y la han destrozado. Han destruido vidas e ilusiones. Vidas que en muchos casos no pudieron reconstruirse y que en otros aún siguen luchando por sanar. ¿Cumple la Iglesia el mandato de Cristo que dice “Vengan a mí los que están cansados y agobiados. Yo les daré descanso, les enjugaré su llanto”?

Me he cuestionado fuertemente lo que sucede a mi alrededor. No puedo permanecer indiferente ante el sufrimiento de tantos hermanos y hermanas.

Al igual que otras personas, he tenido un período de discernimiento respecto a la visita de nuestro hermano Francisco. Y, sobre todo, desde el punto en que me sitúo en relación a ella: comenzando por la indiferencia y terminando en la crítica fraterna y honesta. He decidido quedarme en el último punto. No puedo callar lo que he visto y oído, pero esto no es obstáculo para que acoja al Papa con hospitalidad, esperanza y fe. No sería justa si no reconociese su voz y testimonio en diversas realidades. Ha sido una bocanada de aire fresco a una Iglesia necesitada de renovación, humildad y servicio.

El obispo de Roma, el Papa Francisco, es un persona como cualquier otra. Cómo tú y como yo, con luces y sombras, con errores y aciertos. Y desde la misma verdad que me mueve a reconocer lo mucho que nuestro hermano ha entregado a la Iglesia Universal, manifiesto con firmeza y respeto que creo que el Papa Francisco ha cometido errores: respecto a mis hermanos de Osorno al nombrar a un obispo signo de división, manteniéndolo y tratando despectivamente de “tontos y zurdos” a quienes piden justicia; con las víctimas de abuso dentro de la Iglesia donde ha faltado aun mayor acogida, respeto y mano firme contra todo lo que atente contra la dignidad intrínseca de cada ser humano.

Uno de mis mayores desafíos es como interpretar la visita de Francisco en medio de mi camino. Yo también sufrí abuso: no de un sacerdote, pero sí de una figura que al igual que aquel, debía proteger y acompañar. En esto tengo una profunda compasión y solidaridad con las víctimas de ASI eclesiástico. Me indigna su dolor y me estremecen sus heridas porque fueron doblemente traicionados en su confianza, ya que ellos confiaron en la Iglesia.

Y aunque nunca dejaré de testimoniar mi deseo de que nuestra Iglesia cambie, de que las víctimas encuentren reparación, he decidido recibir con el corazón abierto la visita de nuestro hermano. Y lo haré porque confío en su palabra de que la jerarquía debe abrir puertas y ventanas para que entre el aire fresco del amor a sus filas. Porque siento que El Señor no me salvó del sufrimiento, pero estuvo conmigo en el sufrimiento.

Así, mi alma cree posible hallar la paz: que viene de Dios y su Amor. Que nace del perdón y la sanación de las heridas más profundas del alma. Que llena los vacíos que el dolor causa en nuestro interior. Nuestro mundo necesita paz y para alcanzarla en las víctimas de ASI, en Osorno, y en tantas partes, se necesita justicia.

Espero que nuestros Obispos y sacerdotes actúen como verdaderos pastores. Que nuestros consagrados, religiosos y religiosas nos guíen y acompañen. Que muestren con obras y hechos concretos que el abuso NO es permitido, de que lucharán con todas sus fuerzas para que ningún niño sea herido, para que ninguna persona sea vulnerada y abusada. Es mi esperanza. Para estos días y para los que vendrán.

A esa lucha me consagro y batallo día a día a pesar de todo y más allá de todo. Para romper mi propio silencio y con mucha humildad, quizás ayudar a otros. Con ternura, con cercanía, con respeto. Con mi verdad.

¡Qué la mirada bondadosa y misericordiosa de Dios nos acompañe hoy y siempre!

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Mujer del cántaro rompido

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Mujer del cántaro rompido

dame de beber.

Me acerco a tus heridas,

sin ánimo de ofender,

escuchando tu silencio,

acogiendo tu ser.

 

Mujer de muchos verdugos

cuyas piedras mancillaron tu piel,

tu rostro, tus brazos, tus senos,

tu corazón, tus labios, tu ser.

Con la fuerza dominante de la estupidez,

el hielo de la indiferencia,

la brutalidad de la burla,

del sin respeto,

que no liberan, ni dejan florecer.

 

Mujer qué grande es tu fe.

Compañera, amiga, hermana,

me acerco a tu herida,

con infinito respeto,

con los pies descalzos

y te pido del agua que calma la sed.

 

Tu corazón es una fuente,

que el cántaro trizado

permite conocer.

Por ahí pasan muchos ríos,

que humanizan la vida,

del que está dispuesto

a dejarse tocar y remecer.

 

Mujer del cántaro rompido,

no tengas miedo,

no ocultes tu rostro.

Perdón te pedimos,

por tanta indiferencia,

por tanta burla.

Somos nosotros, quienes sedientos

nos acercamos a beber.

 

Vamos juntos a la fuente

que repara toda vida,

donde tu cántaro y el mío,

se hacen ofrenda viva,

de amor y rebeldía.

Un grito que clama al cielo,

por una vida sin soberbias ni mentiras

sin violencias, ni abusos de poder.

 

Gracias por ser compañera,

mujer,

tu cántaro rompido,

exige tiempos nuevos.

Y nos grita…

caminemos juntos,

tengo sed.

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Evocando la vida de muchas mujeres que han sido violentadas y que merecen nuestro máximo respeto y amor, así como el compromiso de todos por la reparación y por una vida sin abusos. Merlo, encuentro de Jóvenes y Memoria junto a la pastoral juvenil de la parroquia San José, para reflexionar y denunciar la violencia contra la mujer, 18 de agosto de 2017.

 

 

 

La vocación en los SSCC y el corazón de María

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Puede resultar extraño poner la atención en el corazón de María en lugar de profundizar en este carisma a través del corazón de Jesús, que es claramente el centro. Pero me ha inspirado el hecho de que nuestra manera de acercarnos y de seguir a Jesús es al modo de María, porque ella junto con ser su madre fue su discípula y su corazón está completamente unido al de su hijo, del mismo modo como nosotros queremos unirnos a él. Por ello, reflexionar sobre el Corazón de María en cierto modo es hacerlo sobre nosotros mismos, acerca de las actitudes que deberían animarnos y conducirnos en la apertura a Dios y en el descubrimiento de sus llamadas.

Por otro lado, cabe indicar que las distintos aspectos que se destacan en el carisma de los Sagrados Corazones están muy unidos entre sí, por lo que cualquiera que se escoja para profundizar de algún modo nos lleva a los otros, pero en el caso de María y de la vocación eso es aún más patente, porque ella fue llamada para una vocación única, la de ser Madre de Dios, ella y su vocación son completamente inseparables. Sin esa vocación y sin su respuesta al llamado de Dios no estaríamos aquí y menos estaríamos hablando de ella.

De María se puede partir diciendo que es una mujer, que fue madre y esposa y todo ello es relevante, su feminidad, su maternidad y la esponsalidad, con José y en un cierto sentido con el mismo Dios. Pero todos esos atributos y dimensiones de su ser están íntimamente relacionados con uno que es un aspecto de la vida interior, el hecho de que ella es oyente de la palabra, ella es acogedora de la palabra, es receptiva de ella. María sabe escuchar y a la vez dialogar desde lo hondo de su corazón poniendo en juego todo su ser, incluida su libertad para abrirse al sueño de Dios, a la libertad de Dios que es creativa y dadora de vida y que se acerca a ella para solicitar su colaboración. Incluso esta capacidad de acogida de la palabra en María es signo de su ser femenino. Hay algo muy femenino en la espiritualidad en general, porque implica capacidad de hacer silencio y de escuchar muy interiormente en nuestro ser. Ello también pueden hacerlo los varones, pero para la mujer en cierto modo resulta más natural, porque ella está hecha para recibir una vida nueva en su seno y ahí engendrar, acogiendo al otro, respetando también su libertad. La maternidad implica una máxima receptividad del otro y hay personas que asimilan la vida espiritual al hecho de estar embarazados, porque es como llevar dentro la vida de otro, en este caso de otro con mayúscula, la vida de Dios.

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Para nosotros que estamos llamados a unir nuestro corazón al de Jesús tal como lo hizo María: “llamados a entrar con Jesús y como María en el designio del Padre de salvar al mundo por el amor”, implica un camino profundo de encuentro con Dios en nuestro interior, eso requiere atención a la realidad, capacidad de escucha de la Palabra y por lo mismo silencio. María no es una mujer que simplemente esté encerrada en su casa esperando que llegue a ella el ángel de Dios. Ella está en la vida y preocupada de otros. Está por casarse, está a punto de asumir un compromiso definitivo, probablemente muy joven, y con ello iniciarse en la formación de una familia. Luego cuando sabe que su prima Isabel está embarazada parte a verla a las montañas de Judá, para apoyarla, acompañarla hasta el parto y compartir lo que ha recibido como don y como misión. Y cuando llega donde Isabel y ésta la reconoce como madre del Salvador, de su Señor, la Virgen proclama su Cántico, el Magnificat,  en el cual habla de la misericordia de Dios que se ha fijado en la pequeñez de su sierva y a la vez se ha preocupado de su pueblo derribando del trono a los poderosos y a los soberbios, enalteciendo a los pobres y a los humildes y colmando de bienes a los hambrientos. O sea, lo reconoce como el Dios de sus padres que cumple sus promesas y que jamás abandona a su Pueblo. Ella es una mujer de su pueblo, ella no necesita hacerse pueblo, porque lo es, pero nosotros para seguir sus pasos sí necesitamos hacernos Pueblo y vivir su suerte compartiendo sus luchas y esperanzas y con ello dando testimonio del amor de Dios.

Es en esta realidad a la cual debemos estar muy atentos, donde deberemos escuchar a la luz de la palabra evangélica las llamadas de Dios para nosotros y para toda la humanidad. Es ahí donde podremos percibir el sueño de Dios para nosotros. Que cada vez que llama está ejerciendo un acto de amor – alguien podría decir no me ame tanto -, pero es así, su llamada es una consecuencia de su amor, por nosotros y por todo su pueblo. Dios, el Dios que se nos reveló en Jesús despliega su amor llamándonos y así integrándonos en la misión de su Hijo, haciéndonos partícipes de ella.

Es muy hermoso en este sentido, que la vocación y misión de los Sagrados Corazones, su carisma, haya sido ofrecido simultáneamente a un hombre y a una mujer, nuestros fundadores, Pierre Coudrin y Henrriette Aymer, que se unieron para dar vida a esta familia, al modo como están unidos el corazón de Jesús y el de María, con el Espíritu de Dios en el centro, ardiendo de amor por el Padre y por toda la humanidad, en especial los que sufren, los pobres. Así como estamos llamados a unirnos integradoramente, respetuosa y creativamente, hombres y mujeres a quienes Dios ha llamado a ser sus hijos e hijas para engarzar a muchos en su misterio de Amor.

Hay otro aspecto que me gustaría destacar en María, la mujer madre de los evangelios y tiene que ver con su sabiduría. Los textos bíblicos indican que ella reflexionaba todas las cosas en su corazón, las masticaba ahí. Es decir, aquello que iba viviendo lo pasaba por el corazón a fin de preguntarse ahí por el querer de Dios y por el modo de responder según su voluntad. Es una persona capaz de hacer pausa antes de actuar y además es capaz de decantar las vivencias, sobre todo las más dolorosas, aquellas en las que al inicio no es posible comprender nada y el dolor nubla el entendimiento y aprieta el corazón – como la muerte de un hijo. Ella es capaz de ir a su interior y ahí volver a mirar la realidad, en silencio, a la luz de la palabra de Dios. Sólo después de ello sale a crear mundo y sobre todo comunidad. Es la mujer del discernimiento. Es la que sabe juzgar entre lo bueno y lo malo para elegir con rectitud. Por ello podemos decir que junto a ser parte de su pueblo es la gran exponente de la sabiduría del pueblo de Israel que sabe “saborear”  la vida, leyendo en ella la senda a seguir con paz interior. Insisto en la conexión muy profunda entre atención a la realidad, capacidad de hacer silencio y conexión interior y capacidad de escucha de la Palabra, es decir, iluminación de la realidad por medio de la fe, y finalmente capacidad de elección, por ello mismo, capacidad de dar pasos de riesgo y de compromiso por el amor. Sólo así es posible verdaderamente desplegar una vocación y entrar en la misión que Cristo nos dejó.

 Preguntas para el trabajo personal y comunitario

1. ¿Te has sentido llamado por Dios? ¿Te has preguntado en serio por el querer de Dios para tu vida?

2. ¿Qué actitudes destacarías en María que la hicieron capaz de vivir el llamado de Dios?

3. Si nuestra vocación es: “entrar con Jesús y como María en el designio del Padre de salvar al mundo por el amor”, ¿de qué manera podemos concretarlo hoy, personalmente y como comunidad?

4. Lo que hemos reflexionado sobre María y la Vocación en los Sagrados Corazones qué puede aportar en la tarea educativa y catequética que desarrollas.

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(Material elaborado para el trabajo con catequistas del Colegio Emaús, 5 de agosto de 2017, Buenos Aires)

Argentina – Libertad 2017

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Quiero recoger en estas líneas algo de lo que ha sido mi experiencia en Argentina desde que llegué en abril del presente año y parto haciendo algo de historia. La presencia de la Congregación de los Sagrados Corazones en Argentina data de 1929 con la llegada de hermanos alemanes, que se establecieron en Buenos Aires, en una parroquia llamada María Magdalena de Betania ubicada en el barrio de Almagro. Antes habían ido dos años a Chile para aprender el idioma castellano, en Santiago. Llegaron a ser más de treinta hermanos y las tareas apostólicas fueron amplias. Además de la parroquia de Betania y el Colegio Emaús, ubicado en el sector de Palomar, que fue asumido por la Congregación el año 1954 contaron además con: la parroquia Cristo Rey en Haedo; parroquias en el sur de la Provincia de Buenos Aires en Dock Sud, Santa Catalina y Sagrado Corazón; parroquias en el sur de Argentina, en sectores campesinos, en Orense y Oriente; diversos servicios en Córdoba en la Granja Padre Luis; trabajaron, a su vez, en las obras misionales pontificias, recorriendo toda la Argentina y dando a conocer a Damián de Molokai por todas partes; tuvieron también un colegio ubicado en un sector llamado Navarro, era una escuela apostólica al modo de los seminarios menores; y la presencia en el sur de Chile, donde fundaron y acompañaron por muchos años las parroquias de La Unión y Río Bueno.

Ahora bien, en los años ’70 comenzó una disminución de la provincia alemana y eso hizo que la presencia en Argentina se debilitara. Por entonces los hermanos que permanecían en las tierras del Río de la Plata decidieron dar un paso hacia la periferia de la ciudad. Asumiendo en el partido de Morón la parroquia Sagrada Familia, barrio de Texalar, el año 1985 y Armando Lanzani fue su primer párroco Sagrados Corazones. En el mismo período se comenzó a proyectar el traspaso del colegio Emaús a los laicos hasta llegar a conformarse una fundación llamada padre Luis (por el Padre Luis Hengst sscc) que el año 2016 cumplió 25 años. Este colegio conserva y alimenta una fuerte impronta Sagrados Corazones. Ahí sigue viviendo y prestando servicios el hermano Félix Martin que por estos días cumple 71 años de vida. A fines de los ’90 se dejó la parroquia de Betania que estaba en el centro de la ciudad de Buenos Aires.

El año 2000 la Provincia Chilena de la Congregación asume oficialmente la presencia argentina como una región de Chile, llevándose a cabo un traspaso desde la Provincia Alemana, todo lo cual tuvo lugar en la Casa General en Roma, siendo en ese momento provincial de Chile Eduardo Pérez Cotapos sscc.

Por el año 2001 los hermanos profundizaron aún más su presencia en el conurbano Bonaerense, sur oeste de Capital, insertándose en la diócesis de Merlo Moreno, en barrio Rivadavia, asumiendo la parroquia Nuestra Señor de la Paz, ahí el primer párroco Sagrados Corazones también fue Armando y luego Ricardo Sotomayor. Posteriormente, la comunidad provincial, después de un discernimiento donde se pensó incluso la posibilidad de cerrar nuestra presencia en Argentina, decidió trasladarse a otra parroquia de la misma diócesis en la ciudad de Libertad, llamada San José, a la cual llegamos el 4 de diciembre del año 2010 y el hermano que ha servido como párroco desde entones es Ricardo Sotomayor sscc. En San José también han vivido y trabajado los hermanos Juan Cofré, Armando Lanzani, Jimmy Benavides, Gabriel Horn, Nicolás Viel y quien escribe estas líneas.

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La Parroquia San José de Libertad existe desde el año 1959 y sus párrocos anteriores a la llegada de la Congregación fueron Castro Murray, Osvaldo Remón y Juan Carlos Martínez. Éste último fue párroco por 30 años aproximadamente y fue un gran impulsor del crecimiento de la parroquia, levantando capillas y escuelas por diversos sectores de la población, conforme iba creciendo la densidad poblacional de la zona. La parroquia llegó así a tener 17 capillas y 7 centros educativos, los cuales prestan servicios a más de tres mil personas.  Por lo mismo hay un movimiento bastante grande de gente y sobre todo de niños y jóvenes, por lo cual se puede prestar un gran servicio a la formación de personas y a la evangelización.

Para llegar a Libertad es necesario hacer un viaje que dependiendo del medio de locomoción y desde dónde uno parta puede variar entre una y dos horas desde Capital, o sea, desde el centro de Buenos Aires. Los medios de locomoción colectiva son el tren (hay dos el Belgrano y el Sarmiento, éste último fue el que tuvo el trágico accidente en la estación de Once el año 2014 y hoy luce vagones muy nuevos, pero mantiene una gran congestión de personas en los horarios punta) y unas mini-van que hacen un viaje más rápido hasta el Obelisco. Ahora bien, estando en Libertad proyectar un viaje a Capital implica muchas horas, por eso lo hacemos poco, cuando lo amerita algún trámite, el encuentro con alguien que está de visita o una oportunidad de recrearse. Por ello la vida diaria transcurre en los barrios donde están la parroquia y sus escuelas. Por lo mismo, las veces que he ido a Capital he sentido que estoy en otro mundo. Porque Capital es un lugar de grandes edificios, mucha gente y autos que se mueven hacia todos lados, a todas las horas del día. Es un lugar además que en muchos aspectos tiene un sabor europeo. En cambio Libertad es un lugar con menor aglomeración de personas, con menos vehículos y con casas de uno o dos pisos. Algunas son de autoconstrucción o están en proceso de ampliación. La mayoría son de material sólido con bellos jardines, pero también hay casas de madera con cierres más precarios y que muestran la sencillez de nuestra población. Es decir, estamos muy lejos de Capital, en un mundo más simple aunque no por eso menos activo y vital. Además en los rostros de las personas se manifiesta la mezcla de nuestros orígenes, entre los cuales destacan los tanos, así llaman en Argentina a los italianos, los paraguayos y la gente que se trasladó desde las provincias, es decir, desde el interior de Argentina hacia la capital, viniendo por ejemplo de Salta, Tucumán, La Rioja, etc. Claramente hay mezclas y entre ellas están también las raíces más originarias de nuestra América morena, la de sus rostros indígenas. Hay jóvenes que se llaman Nahuel (que en lengua Mapuche significa león) o Lautaro, así como nombres de lugares provenientes de la lengua guaraní como Caacupé o Itatí.

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En este tiempo en Argentina y particularmente en la diócesis de Merlo Moreno una de las cosas que más me ha llamado la atención ha sido la experiencia de Iglesia. Por un lado, me he encontrado con sacerdotes, partiendo por el obispo don Fernando Maletti y su auxiliar Oscar Miñarro tremendamente cercanos y descomplicados. Muy distantes de la formalidad y el clericalismo. Con una gran preocupación por vivir conscientemente la opción por los pobres, tanto que el lema diocesano de este año es “Anunciar la Buena Noticia de Jesús a todos desde los pobres en salida misionera”. Para mí escuchar al obispo en la misa crismal fue una cosa realmente refrescante que me renovó en  mi sentir eclesial. Inmediatamente percibí la sintonía de estos pastores con el magisterio del Papa Francisco, en sus gestos y en sus palabras. Percibí el compromiso y la preocupación por su pueblo y todo ello me inspiró y llenó de alegría.

Por otro lado, en las comunidades que me está tocando servir una de las cosas que me ha impresionado ha sido la devoción de este pueblo. La devoción mariana, el lugar que tiene la Virgen y particularmente la Virgen de Luján y al mismo tiempo la religiosidad popular que se expresa en la necesidad de pedir la bendición a las personas y a las fotos de personas, a las llaves de las casas y de los autos, al agua que luego llevarán a sus casas o a los enfermos. La devoción a los santos. Es una religiosidad donde la conexión con lo sagrado es muy fuerte, a flor de piel. En cierto sentido se parecen más a las comunidades evangélicas que conocemos en los barrios de Chile, porque tienen un componente carismático donde la alabanza juega un rol fundamental. En el mismo contexto hay personas que acuden a misas de sanación e incluso a exorcismos, porque perciben la presencia del mal en sus vidas, entre otras cosas porque está bastante extendida la práctica del Umbandismo que es una ritualidad más vinculada a cultos afro americanos, donde se sacrifican animales produciendo mucha inquietud en las personas. He percibido también que se trata de una religiosidad más bien tradicional en cuanto a los aspectos vinculados a la moral sexual, por lo menos, en lo que se refiere a la posibilidad de integrar la condición homosexual más abiertamente. Hay personas por lo mismo para quienes es difícil asumir su condición sexual y comunicarla al entorno.

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Al mismo tiempo, junto a la religiosidad se percibe también en las personas una gran pasión por la político. Alguien ha dicho que en los argentinos que la política, el fútbol y la religión están unidos en la misma pasión. Toman partido sin matices, con fuerte adhesión por unos y gran rechazo hacia otros. Una de las cosas que valoro en este aspecto es que como país veo más cultura en torno a la memoria, sobre todo lo relacionado con las violaciones a los Derechos Humanos y la dictadura. Han hecho un camino mucho más largo en ese sentido. Incluso, en la escuela donde he comenzado a prestar servicio hay un grupo que se llama jóvenes y memoria que cada año hace un proyecto de investigación sobre temas de derechos humanos que tenga una incidencia en su propio territorio. Por ejemplo, un año investigaron sobre los cuerpos de detenidos desaparecidos que habían sido enterrados en el cementerio de la ciudad y el proyecto concluyó con la elaboración de un mural en memoria de esas personas. Esta dimensión los argentinos la llevan en la piel y se expresa en el respeto que merecen las madres y hoy abuelas de las Plaza de Mayo así como en la gran marcha que se convocó cuando la Corte Suprema quiso disminuir el cómputo de las penas de los delitos de lesa humanidad, lo que llamaron el “dos por uno” y toda la ciudadanía se volcó a la calle para expresar su repudio.

Otros aspectos que han llamado mi atención tienen que ver con la parroquia misma. Por una parte, están los ministros de la eucaristía que prestan un servicio a las comunidades de la parroquia, desde hace ya muchos años, entregándose en sus capillas y a los enfermos como verdaderos pastores y pastoras. Ellos llevan la comunión y a la vez animan la reflexión de la Palabra. Para las comunidades de nuestra parroquia son un regalo que nos muestra las posibilidades que tiene la formación y protagonismo laical. Otro tanto ocurre en la Pastoral Juvenil donde poco a poco se fue encendiendo una mecha y generando una organización donde muchos han querido vincularse. La pastoral con jóvenes está muy lejos de ser una pastoral deprimida o desalentada, es por el contrario un lugar muy vital donde están llegando nuevas personas y los más antiguos están asumiendo roles de asesoría y animación. Hay muchos proyectos y sueños por ejemplo formar una orquesta juvenil en los barrios y a la vez desarrollar una pastoral social juvenil.

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Por otra parte, todo el aspecto educativo de la parroquia es bien sorprendente. Yo no lo había visto en Chile. En Argentina es más común la existencia de escuelas parroquiales, que funcionan con financiamiento estatal y administración diocesana. En nuestro caso la parroquia cuenta con una escuela parroquial que a la vez se divide entre dos jardines infantiles, dos primarias y una secundaria, en total unos mil alumnos. Además, cuenta con centros de estudio para adultos que necesitan completar su educación secundaria, un centro de formación profesional – que es una escuela de oficios –  y un terciario que es un pequeño instituto de formación técnica que cuenta con cuatro carreras técnicas. O sea, es todo un mundo. Y por si fuera poco en las capillas funcionan hasta el día de hoy centros de alfabetización donde adultos pueden completar su educación primaria. Todo esto se fue gestando a lo largo de los años a partir de las necesidades del lugar, respondiendo a ellas y con mucho trabajo colaborativo. Hay una visión en ello, es la construcción de una parroquia que se pone a disposición de las personas en lo que más necesitan a través de una gran red de servicios y personas.

También me he encontrado con el dolor y el malestar, que tiene muchas causas. Por un lado a nuestra gente la ha golpeado la disminución de los beneficios sociales y el encarecimiento de la vida. Además habitamos un barrio donde hay bastante delincuencia, lo que produce inseguridad y hace que las personas eviten transitar en las noches. Muchas veces los asaltos son llevados a cabo por personas del mismo barrio que encuentran en eso la manera de buscarse la vida o porque están sumidos en la droga. Todo el tema de las adicciones es muy duro. Se ven jóvenes sentados en las esquinas que probablemente pueden estar ahí horas de horas, matando el tiempo. Hay una gran preocupación por trabajar el tema de las adicciones a nivel pastoral. También están las penas de la gente, por las pérdidas, las muertes, los accidentes, los suicidios. Así como las muertes causadas por la violencia. También he tomado consciencia de los efectos que el alcoholismo y el machismo tiene en algunas familias y en el desarrollo de sus hijos. En Argentina así como lo hemos constatado en Chile también se percibe el debilitamiento del núcleo familiar por el aumento de las separaciones, los abandonos y la falta de consistencia o madurez de los adultos.

No obstante lo anterior, las personas celebran la vida con mucha alegría. Son muy afectuosos y acogedores, yo al menos me he sentido recibido con mucho cariño. Hay una gran libertad en la expresión de lo que se siente. Hay capacidad de bailar y de reír y de compartir la casa y la comida descomplicadamente. Un aspecto a destacar tiene que ver con el baile. En las actividades parroquiales más festivas se termina bailando y lo que se baila es lo propio, lo tradicional: la chacarera, el chamamé, la cumbia, el cuatro y otros que desconozco. Es muy hermoso, son bailes colectivos o de pareja y entran todos, adultos jóvenes y niños e incluso los curas. He percibido en ellos lo que el Papa ha promovido mucho que es la cultura del encuentro. Eso da mucha vida. Tanto es así que había una fiesta que se llamaba la fiesta de la tradición. Y una joven en un curso me preguntó si en Chile teníamos cultura y yo entendí que me preguntaba por el cultivo de las tradiciones de un pueblo, el sabor y el color local, que en Chile existe, pero está mucho más restringido a las fiestas patrias o a los actos de los colegios. Aunque hay artistas que como Violeta Parra y Víctor Jara han sabido leer y cantar esas raíces de nuestra tierra y de nuestro pueblo.

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Todavía pensando en la gente, pero ahora mirando a los niños y jóvenes. Hay rasgos que son comunes a los jóvenes y a los niños de otras partes, pero hay un aspecto que he percibido en Argentina y especialmente en los niños que es su interés por la persona nueva que llega. Mi sensación es que te reciben con alegría, sin temor y sin indiferencia, sino que con gozo. Te sonríen, te saludan incluso en la calle y te hacen muchas preguntas. En ese sentido me parece que en general son poco vergonzosos, sino que desde pequeños muestran una personalidad comunicativa, opinante, extrovertida, lo cual es muy hermoso. Eso me ha pasado en varias escuelas en las que he estado. Como que no predomina la timidez, sino que predomina el deseo de la comunicación y el afecto, es decir, el deseo de contactarse con el otro, con gran hospitalidad. En las misas con niños y jóvenes que he celebrado he percibido gran receptividad. Eso es muy bello. En un patio de la escuela una niña que no conocía se me acercó y me dijo con una gran sonrisa “Yo creo en Dios” y luego se fue corriendo.

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Unas palabras sobre la comunidad religiosa en que me ha tocado vivir. Somos tres hermanos, Ricardo, Nicolás  y yo, tenemos edades que bordean la edad media, por lo que nuestra distancia generacional no es tanta y estamos empeñados en la misma misión que es la de acompañar a esta comunidad parroquial con sus escuelas en esta porción de la iglesia que se nos ha encomendado. Pienso que desde el punto de vista del proyecto apostólico nuestro énfasis es sobre todo promover la construcción de comunidad y aportar a la promoción humana, a través de la formación, el acompañamiento y la profundización de la vida espiritual. Creo que todavía podríamos dar pasos más misioneros en el lugar. Pero como sea, siento que la comunidad ha sido un espacio muy grato de convivencia. Me ha pasado que hacía varios años que no tenía la posibilidad de iniciar el día rezando con los hermanos y luego desayunando juntos. Diría que el momento del desayuno es uno de los mejores del día, porque en general es tranquilo y nos permite conversar y poner en común diversos aspectos de la jornada, de la vida y de la misión. Esa regularidad me ha ayudado a volver a rezar todos los días temprano. Además almorzamos juntos, porque como el lugar pastoral está junto a la comunidad, los desplazamientos son rápidos y nuestro almuerzo es a las 12:30, es decir muy temprano para lo que es habitual en los ritmos citadinos, lo cual permite una tarde larga de trabajo en que se pueden incluir diversas cosas como visita a las casas, conversas con personas, reuniones, oración e incluso estudio y lectura. Como sea el espacio de la comunidad, aunque llevamos poco tiempo, ha sido muy grato y creo que podemos seguir profundizando nuestro conocimiento mutuo, nuestro acompañamiento y a la vez compartiendo la riqueza de la vida pastoral y espiritual que se nos ha dado.

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Avanzando hacia el final de esta primera crónica de mi tiempo en Argentina quisiera hacer notar un detalle que tiene que ver con el clima y la vegetación. Se trata de lo siguiente. Estamos ubicados en el margen oeste del Río de la Plata y es un lugar donde tradicionalmente había grandes pantanos, es decir, mucha agua, humedales y pastizales, cosa que permitió en su tiempo la ganadería y la gran industria del cuero, que fue la que le dio esplendor a Buenos Aires. Eso está condimentado con un clima húmedo, muchas veces con calor húmedo y en invierno con una humedad fría que cala los huesos. Pero esa humedad y esas temperaturas – que producen bastantes mosquitos – han hecho que la vegetación sea abundante y sobre todo frondosa. Una de las cosas que más me han impresionado en Buenos Aires es el tamaño de sus árboles. Muchos son árboles de tronco largo, pero no sólo eso, tienen además un follaje que se abre y se expande hasta más no poder, es como si las ramas y las hojas tuvieran una fuerza interior que necesitara desplegarse y pudiera hacerlo generosamente. De tal manera que los árboles no se ven apretados tratando de guardar el máximo de agua posible para tiempos de sequía, como podría hacerlo un huayacán en las zona central de Chile. En Argentina, en cambio, los jacarandás y los ceibos adquieren gran altura y sobre todo una copa que se expande ampliamente, porque además tienen mucho espacio. Cuando miro esos grandes árboles me dan ganas de respirar a todo pulmón.

Por último, quisiera mencionar algo vinculado a mi mundo interior y al sentir que me ha acompañado este tiempo. Cuando me dijeron que partiera a Argentina, que fue en septiembre del año pasado, lo primero que sentí fue una gran libertad interior. Me permitía soltar muchas cosas y partir hacia donde Dios quisiera. Lo bueno ha sido que esa libertad interior se ha mantenido. Es como estar en el lugar donde quiero estar y sobre todo donde Dios ha querido que esté, trabajando, sirviendo, acompañando, recibiendo, orando, escribiendo y amando, como sacerdote y religioso sscc. En momentos muy sencillos, con una persona, con una comunidad pequeñita, caminando por un barrio o conversando de literatura. Ha sido un tiempo de regalo. No sé cuánto dure. El otro día una joven me preguntó, cuánto me iba a quedar. Y no lo sé. Sé lo que me dijeron cuando partí, pero uno nunca sabe, sobre todo en este camino. Pero sí he sentido el deseo de quedarme un tiempo que sea bueno, que sea consistente. Me encantaría estar lo suficiente para aportar y eso sé que implica echar raíces, conocer la realidad y desde ella anunciar a Jesús y el Reino. Quisiera poder hacerlo. Estar presente, es decir, atento, interesado, escuchante, receptivo y reflexivo y desde ahí acoger lo otro, dejarme tocar y transformar. Doy gracias a Dios por haberme puesto en este camino y regalarme la oportunidad de conocer mundos nuevos. Leer muchos libros, sobre todo los de la vida de mis hermanos, con su experiencia, que enriquece la mía y me permite intuir el paso de Dios. Así como la oportunidad de valorar la diversidad y la pluralidad desde los pobres y sencillos, en la polifonía del Amor que nos invita a caminar juntos.

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Auco, 13 de julio de 2017, día de Teresita de los Andes.

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Los hermanos de los Sagrados Corazones que nos reunimos en Quito entre el 16 y el 26 de mayo de este año ya hemos vuelto a nuestros países de origen o a nuestros lugares de misión. Aunque todavía conservamos las sensaciones que nos dejaron estos días de encuentro, de compartir la vida, la fe y los sueños. Hubo varios temas que abordamos y algunas experiencias que vivimos, algo de eso ya ha sido reseñado, pero aquí agregaremos algunos otros que también fueron muy relevantes.

Cabe destacar que los convocados éramos hermanos de votos perpetuos que tenemos alrededor de cuarenta años y que hemos vivido la formación internacional, es decir, que nuestro tiempo inicial en la vida religiosa fue en casas con hermanos de otros países, fundamentalmente latinoamericanos y donde el enfoque buscaba ser inter provincial es decir, definido en común por los responsables de las diversas presencias. Esto hizo que el encuentro fuera como un gran re-encuentro y la posibilidad de abrir el corazón y compartir la vida fuera muy simple y llano. La mayoría nos conocíamos y habíamos vivido juntos y los que no se integraron fácilmente. Eso es un valor de la internacionalidad, que nos permite mirar más allá de nuestras fronteras y soñar juntos. Además que por la edad de los participantes, que se asocia más o menos a la mitad de la vida, ya había historia que recoger, donde había crisis, caídas y logros, alegrías y cansancios, todo se junta y como el camino que habíamos elegido era el mismo se hacía mucho más fácil ponerlo en común y saberse comprendido. Esto me hace pensar en lo saludable que es la formación permanente, que debe incorporarse en todos los itinerarios de crecimiento humano, haciendo pausas, dejándose escuchar y a la vez recibiendo la iluminación de otros.

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Entre los temas que abordamos estuvo presente el de los abusos, en esto fuimos acompañados por Carlos Mangin sj, un sacerdote jesuita ecuatoriano. Partió con un dato que es escalofriante, que el 80% de los abusos sexuales se producen en el hogar y que según las estadísticas uno de cada cinco niños en el mundo ha sufrido algún tipo de abuso. La iglesia ha debido enfrentarse a este tema de manera decidida porque ha sufrido al interior de ella el escándalo de que sacerdotes cometieran abusos y peor aún, que el sistema eclesial no lo enfrentara con decisión en busca de la protección de los menores, sino que lo ocultara y minimizara. Hoy se están haciendo esfuerzo por acoger a las víctimas y reparar el daño causado, así como actuar con decisión respecto a los autores de tales conductas, por ejemplo, planteando el deber de denunciar. Pero a la vez, es indispensable trabajar en la formación humano afectiva de los candidatos al ministerio sacerdotal y también de las personas a lo largo de todo el camino de la vida.

Planteó, a la vez, tareas que tienen que ver con el acompañamiento de los niños y los jóvenes en los casos de abuso y, en general, con la prevención: fortalecer la autoestima y el sentido de la vida; buscar redes de apoyo; evitar la re victimización para lo  que es necesario escuchar sin presionar, ofreciendo confianza y empatía con lo ocurrido; enseñar a controlar la propia vida, entre otras cosas, a través de la explicitación de límites, que son indispensables para una convivencia saludable; favorecer una educación sexual integral; y ofrecer apoyo psico social a las familias de alto riesgo. Fue un tema desafiante e interpelador, que nos coloca delante de una realidad muy dolorosa, pero que es necesario enfrentar y prevenir, sobre todo por el bien de las personas, de los niños y de todos, también por el bien de las comunidades y de la Iglesia en general para que esta sea de verdad el lugar evangélico de amor y de vida, de salud y liberación, que estamos llamados a forjar con la gracia de Dios.

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Una segunda parte de la presentación de Carlos Mangin sj estuvo destinada al tema del autocuidado, es decir, la atención a nosotros mismos y a la vida de manera integral, en la línea de cuidarse para servir. No se trata de poner en el centro la realización personal, pero sí, teniendo a la vista nuestra vocación, cuidar integralmente la vida para poder hacer el bien y caminar con otros. Esto implica atención al propio cuerpo, a nuestras necesidades y a nuestros límites. Pero una de las cosas en las que puso hincapié el expositor fue el tema de la espiritualidad, en el sentido del contacto con nuestra interioridad. Tiene que ver con la conexión, con nosotros mismos, con los demás y con Dios, desde el centro de lo que somos. Una espiritualidad que se conecta con nuestra fe y con todo aquello que nos da sentido. Mangin nos propuso la imagen del iceberg que flota dejando una gran parte bajo el agua mientras que sobre la superficie se ve solo la punta señalando que nuestra vida es así, hay mucho más que no conocemos ni comprendemos de nosotros mismos que lo que se nos hace patente, por ello es tan indispensable estar atentos. La formación permanente y el autocuidado implican atención y apertura, es decir, ser conscientes de lo que vamos viviendo en cada etapa, reconociendo nuestros cambios y nuestras necesidades, con apertura al cambio y humildad. Con capacidad de pedir ayuda y dejarse interpelar. Sólo así es más factible enfrentar las diversas crisis y, a la vez, se hará posible caminar con otros, porque de lo contrario nos rigidizamos.

Por eso las palabras a las que asocio hoy el autocuidado, luego de este espacio de reflexión, son conexión, interioridad, apertura, atención y discernimiento. Discernimiento porque contemplando la realidad deberemos buscar juntos cuál es el mejor camino a seguir, por dónde nos está llamando Dios. A la vez, Carlos habló de la salud del cuerpo, asociada a la actividad física, a la alimentación y a las horas de sueño.

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Otro de los momentos muy relevantes del encuentro fue el retiro en el que nos acompañó Martín Königstein sscc. A Martín lo conocemos hace muchos años, porque si bien actualmente está en Alemania, vivió por treinta años en Chile y es un gran hermano y amigo. Sus búsquedas lo han llevado a conectarse hondamente con la interioridad. Él nos propuso en el retiro un modo de oración, que llamó ejercicio (siguiendo la tradición ignaciana), en el que debíamos estar en silencio, juntos o por separado, ordenando la respiración, con los pies en la tierra y reconociéndonos ante la presencia del Señor. Es decir, nos propuso un modo de contemplación en que uno se sitúa en el presente ante Dios, simplemente respirando y dejando fluir los pensamientos que sobrevienen. Se parece a la meditación budista, en que la persona ni se aferra ni rechaza los pensamientos y los sentimientos que sobrevienen, mientras está en silencio. Pero se diferencia de esta última, en que la persona se sitúa conscientemente ante la presencia del Otro con mayúscula, es decir, es una contemplación donde hay alteridad. Por eso Martín también recordó las palabras de Teresa de Jesús, en la que la oración es tratar de amistad estando a solas – uno podría agregar, en silencio, sin necesidad de palabras, quizás simplemente repitiendo el nombre del Señor – con quien sabemos nos ama.

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Todo ello fue acompañado de meditaciones que abordaron distintos temas, como la llamada a partir y el horror al vacío, la ascesis como un modo de avanzar en el camino cristiano y los criterios que se deben considerar para habitar el mundo en búsqueda, con otros, tratando de ser instrumentos de justicia, de paz y de encuentro. A mí personalmente me sucedió que con la invitación de Martín a este tipo de contemplación creo que di un pasito más en el camino del silencio ante el Señor, fue una oportunidad de ordenar más el mundo interior en torno a ese centro que es Jesús y con él, su Padre. Martín también nos invitaba a reconocernos con los pies sobre la tierra, es decir, en conexión con la realidad y en comunión con nuestros hermanos, con los que caminamos y ojalá con todos. Era muy hermoso estar media hora cada mañana simplemente con una vela encendida y todos en la capilla en silencio, sin apuro, acompañándonos desde adentro, en comunión.

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Otro punto muy alto de la experiencia fueron los paseos que hicimos. Que nos permitieron asomarnos a Ecuador y volver a palpar – oler, mirar, saborear – nuestra condición de latinoamericanos. Esto de ser un encuentro de hermanos de distintos países de Latinoamérica (indo afro Latinoamérica como gustaba decir nuestro querido hermano Ronaldo Muñoz sscc) se vio condimentado con el hecho de que Ecuador es un lugar bellísimo, lleno de vegetación, donde hay diversidad de alimentos y de colores que provienen de su rica tierra y de su gente. El primer lugar que visitamos fue el Santuario de la Virgen del Quinche, era domingo y estaban celebrando dos misas simultáneas, una adentro y otra afuera del santuario, había cientos de personas que expresaban un gran recogimiento y en la mayoría de ellos se veía reflejada su raíz indígena. Sus rostros, sus peinados y en algunos su vestimenta. Pero sobre todo su fe, expresada en sus gestos y en su recogimiento. La fe de los pequeños que buscan la protección de Dios a través del rostro de María, en la Iglesia, en las imágenes, en el agua bendita. Había un fervor, una piedad, donde se mezclan raíces de antiguas culturas con el cristianismo y sus expresiones.

La mano que busca salud

Se baña en agua bendita

Se persigna y pide limosna

La mano que busca salud

Se alza y alaba al Señor

La mano que busca salud

Cocina, amasa, sirve los frutos de la tierra

Llena de ojos de niños y rostros de ancianos

La mano que busca salud

Bendice y ama

Quema incienso y enciende velas

A nuestra Señora, en el Quinche

En esas tierras altas, morenas, sagradas.

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En la tarde de ese mismo domingo visitamos la tumba de don Leonidas Proaño, el obispo de los pobres, especialmente defensor de los pueblos indígenas. Él dijo “un indio vale más que una catedral”. Fue un momento muy significativo, porque nos encontramos con personas que conservan el legado de Proaño y sobre todo continúan generando organización y redes en torno a la causa de los pueblos indígenas. Una de las mujeres que ahí estaba nos habló en quichua y presentó la importancia que para ellos había tenido este pastor que les había ayudado a recuperar su dignidad y a levantarse. Que hoy los seguía inspirando en el cuidado de su tierra y en la vivencia del evangelio. Las semillas que don Leonidas había sembrado hoy eran árboles grandes que seguían dando fruto. Es la fe de un pueblo que se nutre de sus testigos, de los que luchan codo a codo. Una fe que se hace oración, liturgia, bendición y a la vez compromiso, justicia de pobres, vida compartida.

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Hubo dos visitas más que completaron esta experiencia. Una fue a la casa y museo de Oswaldo Guayasamín, que él bautizó como Capilla del Hombre y que nos muestra la obra de un artista increíble, que plasmó el alma del pueblo latinoamericano, sus luchas y sobre todo su dolor. Muchos conocemos esos cuadros que son tardíos en su vida que corresponden a la colección de la Edad de la ternura, donde él evoca la relación con la madre y con su madre. Pero también está la Edad de la Ira y muchos cuadros que dan cuenta de la violencia sufrida por tantos hombres y mujeres en nuestro continente y en el mundo. Fue un hombre extremadamente sensible y la pintura fue la manera de expresarlo. Fue un hombre lleno de vida que al construir la capilla del hombre quiso crear algo que fuera como un templo dedicado a la humanidad y más que nada a la construcción de la paz. Viendo el dolor que causa la deshumanización, el atropello, el abuso, las personas quisieran realmente entrar por un camino distinto.

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La segunda visita, que selló este paso por Quito, fue a la Iglesia de la Compañía, una verdadera joya del arte Quiteño. Representativa del barroco andino. De esas Iglesias en que se ocupan todos los espacios decorando con pan de oro y grandes cuadros. Pero todo ello con una grandísima armonía. Obra de artistas y artesanos, unos venidos de otros continentes y otros nacidos en esta tierra. Mezcla de la América morena y el cristianismo venido del otro lado del Atlántico. Mezcla de estilos y de capas culturales. En ese sentido, mestiza. Algo muy propio de nuestra tierra, que en estas obras de arte muestra sus hermosos frutos.

Concluyendo esta reseña y volviendo a los hermanos que nos juntamos hubo dos cosas más que sintetizaron nuestro encuentro. Una buena conversa sobre la misión y un buen partido de fútbol. Nos dimos un espacio de reflexión sobre el deseo de que hubiera una comunidad misionera latinoamericana, en algún lugar de este continente, con hermanos de diversas provincias, que fuera capaz de entrar en áreas donde nos cuesta más llegar, respondiendo a la interpelación del Papa Francisco de ir a la fronteras, a los márgenes, a las periferias de todo tipo. Fue un espacio en que habida cuenta de la realidad nos dimos permiso para soñar y entusiasmarnos y pensar caminos de futuro. Habrá que ver cómo es recibido y discernido esto por nuestras comunidades y hermanos. Y, por último, para despedir el encuentro, jugamos una hermosa pichanga (palabra probablemente mapuche que usamos en Chile para hablar de un partido de fútbol) que llamamos “Campeonato León Silva Marín” en honor a nuestro querido hermano colombiano fallecido el año pasado. León pertenecía a esta generación, habría estado en este encuentro y le gustaba el fútbol.

Todo fue un regalo y ahora a seguir viviendo, sirviendo, amando, que el evangelio se aprende así, a la siga de Cristo, caminando. ¡Gracias por todo Señor!

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Lo que este encuentro significó para cada uno:

Javier Cárdenas (Chile) Encuentro con Jesús resucitado en mis hermanos y en los pobres e indígenas.

Pedro Pablo Achondo (Chile)  Empaparme de nuestra América Latina bajo el nombre de Jesús y de nuestra espiritualidad.

Juan Cofré (Chile) Alimentarse de Dios y de los hermanos.

Pedro León (Chile) Un tiempo para un encuentro que abre nuevas posibilidades.

Matías Valenzuela (Chile) Un espacio para detenerse y compartir la vida, mirando con nueva profundidad el pozo que es nuestra familia religiosa, el pueblo latinoamericano y nuestro propio corazón, donde late el Espíritu del Señor.

Eric Hernout (Chile) Un regalo del Espíritu.

Jimmy Benavides (Ecuador) Ver dónde está mi orilla de río donde tengo que trabajar.

Juan Carlos Vélez (Ecuador) Ocasión de revitalizar el ser Sagrados Corazones en esta generación.

Luis Enrique León (Ecuador) Una oportunidad de revitalizar mi vida religiosa y la identidad como hermano Sagrados Corazones.

Luis Alberto Hernández (Colombia) Un renovar el espíritu en comunión congregacional.

Arnoldo Castañeda (Colombia) Una experiencia de conversión y de revitalización de mi ser religioso presbítero.

Iván Espínola (Paraguay) Para mí el encuentro fue un regalo de Dios como adelanto a los cinco años de ordenación sacerdotal.

Ángel Armoa (Paraguay) Fue un tiempo de buena compañía, reencuentro, de felicidad de haber compartido la fe, la esperanza, sueños e ideales con todos los hermanos.

Lucio Colque (Perú) Sentir la fraternidad entre los hermanos Sagrados Corazones en América Latina; Sentir la presencia de Dios en medio nuestro, que nos sigue impulsando en la construcción del Reino.

Pedro Vidarte (Perú) Para mí el encuentro fue descanso, alegría, reencuentro, oración, celebración, paz y fraternidad. Una sincera mirada a mi vida en el presente donde hoy Dios me sigue llamando como religioso presbítero de los Sagrados Corazones a buscar la piedad y la alegría como signos de mi deseo de vivir mi consagración, a cuidar con atención y cariño de mi propia vida para el servicio de la Iglesia y de la Congregación.

Rufino Valeriano (Perú) Fortalecer mi vida religiosa en contexto latinoamericano.

Joao  E. Mattos (Brasil) Un momento de reflexión y de fortalecer una decisión.

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